
Referencia: [PRES-001] • Validez: 30 dias
FECHA
[DD/MM/AAAA]
[Tu Nombre / Empresa]
[CIF/NIF]
[Direccion]
✉ [email] • ☎ [tel]
[Nombre del Cliente]
[CIF/NIF]
[Direccion]
✉ [email]
| Partida / Concepto | Uds. | Precio Ud. | Importe |
|---|---|---|---|
| [Partida 1: Descripcion detallada] | [1] | [0,00 €] | [0,00 €] |
| [Partida 2: Descripcion detallada] | [1] | [0,00 €] | [0,00 €] |
| [Partida 3: Descripcion detallada] | [1] | [0,00 €] | [0,00 €] |
| [Partida 4: Descripcion detallada] | [1] | [0,00 €] | [0,00 €] |
• Presupuesto valido durante 30 dias desde la fecha de emision.
• Forma de pago: [Transferencia / Efectivo / Otro]
• [Otras condiciones especificas del presupuesto]
Firma del proveedor
Firma del cliente (Aceptado)
Respuesta rápida: esta página es la propia plantilla de presupuesto: imprímela o guárdala como PDF con Ctrl/Cmd+P desde el navegador. Es un formato genérico, válido para cualquier tipo de trabajo o servicio, con cuatro partidas de ejemplo ([Partida 1] a [Partida 4]) que sustituyes por las tuyas. Un presupuesto es la oferta de precio y condiciones que haces antes de empezar un encargo: mientras esté dentro de su plazo de validez, compromete a quien lo emite si el cliente lo acepta. No es lo mismo que una factura proforma ni que una factura —más abajo tienes la diferencia entre las tres—, y aquí tienes también qué debe llevar para estar completo, cómo se refleja el IVA y cómo se acepta y firma.
Un presupuesto es el documento con el que un profesional, autónomo o empresa le dice a un cliente potencial qué va a hacer, con qué medios y por qué precio, antes de que el trabajo empiece. Es una propuesta, todavía no un contrato: se convierte en compromiso cuando el cliente la acepta, ya sea firmándola, contestando por escrito que la aprueba o encargando el trabajo con esas condiciones sobre la mesa.
Se usa en cualquier sector donde el precio final depende de lo que pida cada cliente: reformas, mudanzas, diseño gráfico, desarrollo de software, asesoría, eventos, transporte, servicios profesionales... Es distinto de una tarifa fija publicada, como el precio de un producto en un catálogo, porque aquí el precio se calcula caso a caso según el alcance concreto del encargo.
Un presupuesto verbal no deja rastro de qué se acordó si después hay una discrepancia sobre el precio, el plazo o lo que estaba incluido. Por escrito, con partidas desglosadas, es la referencia que usan ambas partes para comprobar qué se pactó realmente. Además, sin presupuesto por escrito no tienes forma de comparar ofertas de proveedores distintos: una cifra global no dice si uno incluye materiales y otro no, ni si un plazo de entrega está garantizado o es solo una estimación.
Los tres documentos se confunden porque en apariencia se parecen —todos llevan partidas, importes y un total—, pero cada uno cumple una función distinta en el proceso de contratar y cobrar un trabajo.
El presupuesto es la propuesta previa: un precio orientativo mientras el cliente decide si contrata. No genera obligación de pago por sí mismo y no es un documento fiscal: no hace falta numerarlo con una serie de facturación ni declararlo a Hacienda.
La factura proforma se emite ya sobre un encargo concreto, normalmente cuando el cliente ha aceptado el presupuesto pero el trabajo todavía no se ha entregado o cobrado: sirve para que el cliente sepa exactamente qué va a pagar y cuándo, y en operaciones de importación o con administraciones públicas es habitual pedirla como paso previo. Tampoco es un documento fiscal definitivo: no sustituye a la factura y, salvo que se indique lo contrario, no acredita que la operación ya se haya realizado. Si quieres ver cómo se estructura, tienes la plantilla de factura proforma de este mismo sitio.
La factura es el documento fiscal definitivo: acredita que la operación se ha realizado y es el justificante válido a efectos de IVA y de IRPF o Impuesto de Sociedades, tanto para quien la emite como para quien la recibe. El Reglamento de facturación fija qué debe contener una factura completa —identificación de ambas partes con su NIF, número y serie, fecha de expedición, descripción de la operación, base imponible, tipo y cuota de IVA— y en qué casos se admite la factura simplificada; puedes consultarlo en el BOE, Real Decreto 1619/2012.
| Documento | Cuándo se emite | Valor fiscal | ¿Obliga al pago? |
|---|---|---|---|
| Presupuesto | Antes de aceptar el encargo | Ninguno, no es documento fiscal | No, es orientativo hasta que se acepta |
| Factura proforma | Tras aceptar el encargo, antes de entregarlo o cobrarlo | Ninguno, es informativa | No sustituye a la factura, aunque puede acompañar a un anticipo |
| Factura | Cuando la operación ya se ha realizado o cobrado | Documento fiscal definitivo | Sí, es el justificante de la operación y de su IVA |
El Código Civil regula que un contrato nace cuando hay consentimiento entre las partes sobre lo que se va a hacer y por qué precio: un presupuesto aceptado por el cliente —con su firma, por escrito, o incluso encargando el trabajo sin objetar sus condiciones— funciona como esa oferta que, al ser aceptada, perfecciona el acuerdo. Puedes consultar el texto consolidado en el BOE, Código Civil.
Esto tiene una consecuencia práctica: mientras el presupuesto esté dentro de su plazo de validez y el cliente lo acepte tal cual, quien lo ha emitido no puede subir el precio ni cambiar unilateralmente las condiciones, salvo que surja un imprevisto justificado que ambas partes acepten por escrito. Es la razón por la que todo presupuesto debería llevar una fecha límite: pasado ese plazo, los precios de materiales o de la propia mano de obra pueden haber cambiado, y quien lo emitió deja de estar obligado a respetarlo.
Si el cliente lo acepta después de que haya expirado el plazo de validez, no hay obligación de mantener esas condiciones: lo razonable es pedir uno nuevo o una confirmación expresa de que los precios se mantienen. Si el trabajo ya ha empezado con el presupuesto en vigor, sigue siendo la referencia válida aunque el plazo expire durante la ejecución.
Empezar a ejecutar un encargo porque el cliente "no ha dicho que no" es arriesgado: sin aceptación expresa —firma, respuesta por email, confirmación por escrito— es más difícil demostrar después que el precio y el alcance pactados eran los del presupuesto y no otros. Pide siempre una confirmación explícita, aunque sea un correo breve, antes de empezar.
Si pasa el plazo de validez y el cliente no ha dicho ni que sí ni que no, el presupuesto caduca sin que haga falta ninguna comunicación adicional por tu parte: no estás obligado a mantener el precio ni a reclamar una respuesta. Si te interesa retomar el contacto, lo habitual es enviar un recordatorio antes de que expire o, una vez expirado, ofrecer un presupuesto actualizado en vez de dar por hecho que las condiciones anteriores siguen en pie.
No existe en España una única ley que obligue, en todos los sectores, a presupuestar por escrito con un contenido mínimo fijado por norma. Sí hay regulación sectorial que sí lo exige en determinadas actividades —los talleres de reparación de vehículos y electrodomésticos, por ejemplo, históricamente regulados por el Real Decreto 1457/1986 y por normativa autonómica posterior que lo ha ido actualizando—, y cuando quien presupuesta es un profesional o empresa y quien recibe el presupuesto es un particular, el Real Decreto Legislativo 1/2007, texto refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios, exige que la información previa al contrato sea clara, veraz y comprensible sobre precio, características del servicio y condiciones. Al margen del detalle exacto de la obligación legal según el sector, esto es lo que cualquier presupuesto necesita para ser útil y defendible si hay una discrepancia.
El tipo general del IVA en España es el 21 %, regulado por la Ley 37/1992 del IVA. Existen tipos reducidos del 10 % y del 4 % para bienes y servicios concretos que la propia ley enumera (determinados alimentos, libros, algunas obras de rehabilitación de vivienda, entre otros), así que el tipo aplicable depende del trabajo o producto en cuestión, no es una elección libre de quien presupuesta.
Sea cual sea el tipo, el presupuesto tiene que mostrar el IVA desglosado: base imponible (la suma de las partidas antes de impuestos), tipo aplicado y cuota resultante, y solo entonces el total. Un presupuesto que da únicamente un importe final "todo incluido" sin desglose no permite comprobar si el IVA aplicado es el correcto, y dificulta convertirlo después en una factura válida.
En Canarias no rige el IVA sino el IGIC (Impuesto General Indirecto Canario), y en Ceuta y Melilla el IPSI (Impuesto sobre la Producción, los Servicios y la Importación). Si presupuestas un trabajo en esos territorios, no uses la casilla de IVA de la plantilla tal cual: cambia la etiqueta y, si tienes dudas sobre el tipo concreto que corresponde a tu actividad, consúltalo con tu gestoría antes de presupuestar.
Un presupuesto se acepta de varias formas, y no todas dejan el mismo rastro si después hace falta reclamar algo.
Es la forma más clásica: ambas partes firman el documento impreso y cada una se queda con una copia. Es la opción que trae preparada esta plantilla, con un espacio de firma para el proveedor y otro para el cliente.
Un correo o mensaje donde el cliente confirma expresamente que acepta el presupuesto, sus partidas y su precio, es prueba válida de aceptación, aunque no lleve firma manuscrita. Guarda ese mensaje: es tu respaldo si después hay una discrepancia.
Existen distintos niveles de firma electrónica reconocidos por la normativa española sobre servicios electrónicos de confianza (Ley 6/2020), desde una firma simple hasta la firma cualificada, equivalente a la manuscrita. Para un presupuesto entre particulares y pymes, una firma electrónica simple —o incluso la aceptación por email— suele bastar como prueba; en operaciones de mayor importe, valora usar una plataforma de firma electrónica reconocida.
Como se ha comentado más arriba, si el cliente no firma ni contesta nada pero permite que el trabajo empiece, se puede considerar que acepta tácitamente las condiciones del presupuesto. Es la forma de aceptación más débil como prueba: evítala siempre que puedas y pide al menos una confirmación por escrito, aunque sea breve.
Cuando el cliente es una empresa, comprueba que quien firma o acepta el presupuesto tiene capacidad para comprometerla: un administrador, un apoderado con poder suficiente, o un empleado con autorización para contratar ese tipo de servicios. Si firma alguien sin esa capacidad, la empresa puede alegar después que el presupuesto no la vincula. En encargos de importe alto, pedir el cargo de la persona que firma y, si hay dudas, una confirmación por email desde una dirección corporativa reduce ese riesgo.
No es lo mismo presupuestar a otra empresa o autónomo (relación B2B) que presupuestar a un particular que contrata para su uso personal (relación de consumo). El contenido básico del presupuesto —partidas, precio, IVA, plazo— es el mismo en los dos casos, pero las protecciones legales de quien lo recibe cambian.
Cuando el cliente es un consumidor, se activa la normativa de protección de consumidores y usuarios: la información previa al contrato tiene que ser clara sobre el precio total, las características del servicio y las condiciones, sin cláusulas que contradigan lo pactado en las partidas. Si el trabajo se contrata a distancia —por teléfono, email o una plataforma online, sin negociación presencial previa—, puede además existir un derecho de desistimiento de 14 días naturales sobre el contrato, salvo que el consumidor haya pedido expresamente que el trabajo empiece antes de que termine ese plazo.
Entre profesionales, la relación se rige sobre todo por lo pactado en el propio presupuesto o contrato y por las normas generales de contratos mercantiles, sin las protecciones reforzadas de la normativa de consumo. Esto no significa que valga cualquier cosa: el presupuesto aceptado sigue siendo vinculante igual que en una relación de consumo, pero conviene ser más explícito por escrito en las condiciones —penalizaciones por retraso, quién asume los imprevistos, plazos de pago— porque hay menos red de seguridad legal detrás si algo queda ambiguo.
Si el error es tuyo —un precio mal calculado, una partida duplicada— comunícalo cuanto antes y propón un addendum por escrito con la corrección, en vez de aplicarla sin avisar en la factura final. Si el error lo detecta el cliente, lo correcto es lo mismo: un documento breve donde ambas partes acepten el cambio, fechado y firmado igual que el presupuesto original. Un presupuesto aceptado no se corrige de forma unilateral, se corrige por acuerdo de las dos partes.
Esta plantilla no lleva calculadora ni campos de formulario: edítala en tu editor de texto o en el PDF antes de imprimir, o imprímela en blanco y complétala a mano si vas a cerrar el trato en el momento con el cliente.
En "De" van tus datos como profesional, autónomo o empresa: nombre o razón social, NIF —el término "CIF" se sigue usando de forma coloquial, pero desde 2008 tanto personas físicas como jurídicas usan el NIF como identificador fiscal único—, dirección, teléfono y correo. En "Para" van los mismos datos del cliente.
Las filas [Partida 1] a [Partida 4] son un punto de partida común a todas las plantillas de presupuesto del sitio; añade o quita filas según las partidas reales de tu trabajo, y describe cada una con detalle en vez de agruparlo todo en una sola línea con un importe cerrado.
Suma el importe de todas las partidas para el subtotal, aplica el tipo de IVA que corresponda a tu actividad —la plantilla trae el 21 % general por defecto— y comprueba que el total es la suma del subtotal más la cuota de IVA.
La plantilla trae 30 días de validez por defecto: cámbialo si necesitas un plazo distinto. Si el trabajo tiene una duración estimada, añádela junto a las condiciones: sin plazo de entrega, un presupuesto aceptado no compromete a una fecha concreta.
Indica si el pago es único al finalizar, con una señal inicial, o por hitos o certificaciones parciales. Añade cualquier condición específica de tu sector o de tu forma de trabajar en la línea libre de "Condiciones".
Con Ctrl/Cmd+P desde el navegador puedes guardarlo directamente como PDF: la plantilla está maquetada en A4 para eso. Si prefieres editarla en Word o Excel antes de imprimir, copia el texto en un documento nuevo; esta página no incluye un archivo descargable aparte en esos formatos.
No todos los presupuestos funcionan igual una vez empieza el trabajo. Elegir la modalidad adecuada evita buena parte de los conflictos por extras y desviaciones de precio.
| Modalidad | Quién asume las desviaciones | Cuándo conviene |
|---|---|---|
| Presupuesto cerrado | Quien lo emite, salvo imprevistos justificados y aceptados por escrito | Trabajo bien definido de antemano, con alcance claro |
| Presupuesto estimado u orientativo | Se revisa entre ambas partes si el alcance cambia | Encargos donde el alcance final depende de lo que se descubra al empezar |
| Por horas o por administración | El cliente, que paga tiempo y materiales reales, más un margen de gestión si lo hay | Trabajos de duración o alcance difícil de fijar de antemano (consultoría, desarrollo a medida, reparaciones) |
Sea cual sea la modalidad, hazla constar por escrito en el propio presupuesto: si no se dice nada, un presupuesto detallado con importes cerrados por partida se interpreta, por defecto, como presupuesto cerrado.
Un presupuesto sin desglose de partidas no protege a nadie: ni a quien lo hace, que no puede justificar un extra, ni a quien lo recibe, que no puede comparar ni reclamar.
Pide siempre el mismo desglose de partidas a todos los proveedores: si uno te da un precio cerrado por partidas y otro un único importe global, no estás comparando lo mismo. Antes de decidir solo por el precio más bajo, revisa estos puntos en cada oferta:
Un presupuesto algo más caro pero con desglose completo y condiciones claras suele salir más barato al final que uno más bajo con partidas ambiguas, precisamente porque en el segundo caso es donde aparecen los extras. Desconfía también de quien exige el pago íntegro por adelantado, no puede darte un NIF verificable o solo se comunica por una única vía de mensajería sin dejar constancia escrita del acuerdo: ninguna señal prueba por sí sola que algo vaya mal, pero juntas son motivo suficiente para pedir referencias antes de firmar.
Un importe global "trabajo completo" sin desglose es la fórmula que más discusiones genera cuando aparece un imprevisto. Exige siempre el desglose por partidas, aunque quien presupuesta prefiera dar un precio cerrado.
Un total "todo incluido" sin base, tipo y cuota diferenciados no permite comprobar si el IVA aplicado es el correcto, y complica convertir después el presupuesto en factura.
Sin fecha límite, no queda claro hasta cuándo se mantienen los precios ofertados, y eso abre la puerta a discusiones si el cliente acepta meses después.
Sin acordar cuándo se cobra y cuándo se entrega, no hay forma de reclamar un retraso ni de justificar exigir un pago anticipado.
Si la aceptación fue verbal o tácita, es más difícil demostrar después qué precio y qué alcance se pactaron realmente. Guarda siempre el presupuesto firmado o el email de confirmación.
Comprobar que el NIF y el nombre o razón social son correctos antes de aceptar evita problemas al facturar después: un dato mal copiado obliga a reemitir la factura y puede retrasar el pago si el cliente la rechaza por ese motivo.
Usar el 21 % por defecto sin comprobar si el trabajo o el territorio tienen un tipo distinto —10 %, 4 %, IGIC en Canarias, IPSI en Ceuta y Melilla— es un error habitual que obliga a corregir la factura después. Compruébalo antes de presupuestar, no al facturar.
No compares presupuestos solo por el total final: compara partida a partida. El más barato casi siempre esconde una partida que falta, no un precio mejor.
Esta plantilla es genérica: sirve para cualquier tipo de trabajo o servicio, con partidas libres que tú defines. Si tu encargo encaja en uno de estos oficios, las versiones específicas ya traen las partidas típicas de ese sector y las notas que le aplican —como el IVA reducido en reformas de vivienda—, así que probablemente te ahorren trabajo:
Si tu oficio no está en la lista, esta plantilla genérica sigue siendo la opción correcta: define tus propias partidas y sigue la guía de este texto para completarla.
No exactamente, pero en la práctica funciona como tal: cuando el cliente lo firma o lo acepta por escrito, sus partidas, precios y condiciones pasan a ser vinculantes para ambas partes, aunque no se redacte un contrato aparte.
Muchos profesionales y empresas lo ofrecen sin coste, pero no es una obligación legal general: algunos cobran una visita técnica o un estudio previo, sobre todo en encargos que requieren medición o desplazamiento. Pregúntalo antes de solicitarlo.
Depende de la modalidad. En un presupuesto cerrado, quien lo emite solo puede repercutir un extra si es un imprevisto justificado y el cliente lo acepta por escrito antes de ejecutarlo. En un presupuesto por horas o por administración, las desviaciones las asume el cliente, porque paga coste real.
El plazo lo fija quien lo emite; en esta plantilla son 30 días por defecto. Pasado ese plazo, los precios pueden haber cambiado y quien lo emitió no está obligado a mantener la oferta.
Sí, y es la forma más efectiva de detectar un precio fuera de mercado o una partida que un proveedor incluye y otro omite. Pide al menos dos o tres, con el mismo desglose de partidas, para poder compararlos.
Sí, si quieres que sea completo y verificable: base imponible, tipo aplicado y cuota resultante por separado, no solo un importe final "todo incluido" sin desglosar.
El presupuesto es una oferta previa a la ejecución del trabajo, orientativa hasta que se acepta. La factura proforma se emite ya sobre un encargo concreto aceptado, como paso previo a la factura definitiva. Lo habitual es presupuesto aceptado → trabajo → factura, a veces con una proforma intermedia.
Sí, la estructura (datos de ambas partes, partidas, IVA, condiciones) sirve igual para un autónomo que para una empresa. Solo tienes que rellenar tu NIF y tus datos fiscales en el bloque "De".
No es imprescindible, pero es lo más recomendable. La aceptación por email o por escrito también vale como prueba; lo que hay que evitar es una aceptación puramente verbal o tácita, difícil de demostrar después.
Quien lo emitió ya no está obligado a mantener esas condiciones. Lo correcto es pedir que se confirme por escrito si los precios siguen vigentes, o solicitar un presupuesto nuevo.
Conviene hacerlo: si después hay una discrepancia sobre lo que se acordó, el presupuesto aceptado es la prueba de qué partidas, precio y condiciones se pactaron antes de empezar, incluso con la factura ya emitida.
Sí, es habitual pedir un anticipo al aceptar, sobre todo en trabajos largos o que requieren comprar material por adelantado. Dejar por escrito el porcentaje y qué pasa con esa señal si el trabajo se cancela evita discusiones posteriores.
Sí, pero cualquier cambio de partidas, precio o plazo debería quedar por escrito y aceptado de nuevo por ambas partes, igual que el documento original. Un cambio verbal no tiene el mismo valor como prueba si después hay una discrepancia.
Sí. Puedes pedir que se retiren o modifiquen partidas antes de firmar; lo importante es que la versión final quede clara en un único documento aceptado por ambas partes, no como una mezcla de correos sueltos sin cerrar.
Si el empleado tenía autorización aparente para presupuestar ese tipo de trabajo —por ejemplo, es quien habitualmente atiende esos encargos—, a la empresa le resulta difícil desvincularse alegando después que no tenía poder para ello. Es un riesgo que corre la empresa, no el cliente que confió de buena fe en la persona que le atendió.
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