
CV Con Foto
🇪🇸 Español — Nativo
🇬🇧 Inglés — [Nivel]
🇫🇷 Francés — [Nivel]
[Resumen profesional en 3-4 líneas: años de experiencia, especialidad y logros principales]
[Empresa] • [Fecha inicio] – [Fecha fin]
[Empresa] • [Fecha inicio] – [Fecha fin]
[Universidad / Centro] • [Año inicio] – [Año fin]
[Centro] • [Año]
✓ [Certificación 1] — [Institución], [Año]
✓ [Certificación 2] — [Institución], [Año]
Pon foto en el currículum si te presentas a una oferta en España, Italia, Portugal o buena parte del sur y el este de Europa, y quítala si la oferta es de Reino Unido, Irlanda, Estados Unidos, Canadá o Australia. En el primer grupo la fotografía forma parte de la costumbre y su ausencia llama la atención; en el segundo, la legislación de igualdad y las políticas internas de contratación empujan a eliminar del cribado cualquier dato que revele edad, origen étnico o sexo, así que un CV con foto se lee como un descuido. La foto correcta es un retrato de medio busto, fondo liso y claro, luz frontal suave, ropa acorde al sector, expresión relajada y mirada a cámara, de 600 × 800 píxeles como mínimo y unos 2,5-3,5 cm de ancho en el documento. Colócala en la cabecera o en lo alto de la columna lateral, nunca dentro de una tabla, de un encabezado de página ni de un cuadro de texto flotante, porque ahí es donde los sistemas de cribado pierden el hilo del documento.
Esta es la decisión que más gente se salta y la que más cuesta cuando se falla. No hay una respuesta universal porque no estamos ante una cuestión de gusto, sino ante dos tradiciones de selección distintas que conviven en el mismo mercado global.
Ninguna norma española obliga a incluir fotografía en un currículum y ninguna la prohíbe. Lo que existe es una costumbre muy consolidada: la mayoría de los CV que circulan por los portales de empleo españoles llevan retrato, los propios portales reservan un hueco para subirlo y muchos reclutadores lo dan por supuesto. Enviar un CV sin foto en España no te descarta, pero sí introduce una microdiferencia que, según el perfil, puede leerse como discreción o como descuido.
Italia y Portugal se comportan de forma parecida. En Francia la foto es opcional y ha ido perdiendo terreno en las grandes empresas, que han adoptado procesos de candidatura anónima para sus primeras cribas, mientras las pymes la siguen aceptando con normalidad. En Alemania el retrato era casi obligatorio hasta que la ley de igualdad de trato dejó claro que no se puede discriminar por él; desde entonces, muchas empresas dicen expresamente que no lo piden, aunque sigue siendo frecuente en candidaturas de perfil tradicional. En los países nórdicos la práctica es mixta y depende bastante del sector.
En Reino Unido, Irlanda, Estados Unidos, Canadá y Australia la pauta es la contraria: el currículum viaja sin foto, sin fecha de nacimiento y a veces sin apellidos completos. La razón no es estética.
La guía de la Comisión para la Igualdad de Oportunidades en el Empleo de Estados Unidos (EEOC) sobre prácticas prohibidas en el empleo es tajante: los empleadores no deberían pedir una fotografía al candidato y, si la necesitan para identificarlo, pueden obtenerla después de que la oferta se haya hecho y aceptado. El motivo que da es directo: una fotografía revela características protegidas —raza, sexo, edad aproximada, a veces religión a través de la vestimenta— que nada tienen que ver con la capacidad de hacer el trabajo, y tener ese dato en el expediente puede servir después como prueba de intención discriminatoria.
En Reino Unido, la información pública de ACAS sobre igualdad, diversidad e inclusión en el trabajo va en la misma dirección: la contratación tiene que dar oportunidades iguales a todos los candidatos y el empleador debe evitar decisiones vinculadas a las características protegidas que recoge la Equality Act 2010. De ahí nacen los procesos de name-blind recruitment que muchas organizaciones británicas aplican, en los que un equipo anonimiza los CV antes de que los vea quien decide. Un currículum que llega con retrato obliga a ese equipo a trabajar de más y, en algunos sistemas, se devuelve al candidato para que lo reenvíe limpio.
Irlanda, Canadá y Australia siguen ese mismo patrón cultural: legislación antidiscriminación fuerte, departamentos de recursos humanos que documentan cada paso del proceso y una práctica de mercado en la que el retrato no aporta nada y sí añade riesgo jurídico para quien contrata.
La foto no te descarta en esos países por ser fea o por ser guapa: te descarta por convertir en visible algo que el proceso se ha esforzado en dejar fuera. Quien filtra no quiere saber tu edad todavía, y tú acabas de contársela.
| Destino | ¿Foto? | Por qué | Qué más quitar |
|---|---|---|---|
| España, Italia, Portugal | Sí, recomendable | Costumbre asentada; los portales la piden | DNI, estado civil, dirección completa |
| Francia | Opcional | Convive con procesos de candidatura anónima | Fecha de nacimiento en grandes empresas |
| Alemania, Austria, Suiza | Frecuente, ya no obligatoria | La ley de igualdad de trato desactivó la exigencia | Nacionalidad y estado civil |
| Países nórdicos | Indiferente | Práctica mixta según sector | Datos familiares |
| Reino Unido, Irlanda | No | Cribas anonimizadas y marco de la Equality Act 2010 | Edad, nacionalidad, estado civil, foto |
| Estados Unidos, Canadá | No | La guía de la EEOC pide no solicitar fotografía antes de la oferta | Edad, foto, datos familiares, aficiones personales |
| Australia, Nueva Zelanda | No | Antidiscriminación y procesos documentados | Foto, edad, nacionalidad |
Una vez decidido que la foto va, la pregunta cambia: qué hace que un retrato sume y qué hace que reste. Los criterios que siguen valen igual para un estudio profesional y para una foto hecha en casa con un móvil decente.
Medio busto: desde un palmo por encima de la cabeza hasta la mitad del pecho, con los hombros dentro del cuadro. Un plano más cerrado da sensación de foto de carné y uno más abierto convierte tu cara en un punto diminuto cuando la imagen se reduce a tres centímetros. La cabeza debe ocupar entre el 50 % y el 60 % de la altura del encuadre. Deja un poco más de espacio por delante de la mirada que por detrás si el cuerpo está ligeramente girado.
La cámara va a la altura de tus ojos, no por debajo ni por encima. Desde abajo se marca la papada y se deforma la mandíbula; desde arriba aparece el gesto de foto de red social que no encaja en un documento laboral.
Liso y claro: blanco roto, gris perla, azul muy apagado o una pared neutra. Lo que buscas es que nada compita con tu cara y que el recorte se integre con el color del documento. Si tu plantilla tiene columna de color, como esta, un fondo blanco funciona mejor que uno del mismo azul, porque el retrato queda recortado con nitidez en lugar de fundirse.
Fuera: estanterías, cuadros, plantas, persianas, la cocina, el coche y, por supuesto, otras personas recortadas a medias. El desenfoque artificial del modo retrato del móvil puede salvar un fondo regular, pero fíjate en que no se coma el borde del pelo ni las gafas: ese halo borroso se ve mucho al ampliar.
La mejor luz gratis es una ventana grande en un día nublado, con tu cara mirando hacia ella y la ventana a un lado, no detrás. Evita el sol directo, que crea sombras duras bajo los ojos y la nariz, y evita el fluorescente de techo, que hunde las cuencas. Si solo tienes luz artificial, pon dos fuentes suaves a ambos lados y algo blanco delante para rellenar.
Señal de que la luz está mal: brillos en la frente, un ojo claramente más oscuro que el otro, o un tono de piel anaranjado o verdoso. Corrige el balance de blancos antes de dar la foto por buena.
La regla práctica es vestir un escalón por encima de lo que llevarías un martes cualquiera en ese puesto. Para banca, derecho o consultoría, camisa o blusa lisa y americana. Para tecnología, camisa o jersey de punto fino en color plano. Para hostelería y atención al público, prenda limpia, sin logotipos de otra marca y con cuello definido. Para diseño o audiovisual tienes más margen, pero el margen no es una excusa para la camiseta de un concierto.
Colores planos y medios funcionan mejor que estampados pequeños, que producen un efecto de moaré al reducir la imagen. Evita el blanco puro si el fondo también es blanco, porque los hombros desaparecen. Los complementos, discretos: si las gafas son tuyas y las llevas a diario, póntelas, pero gira ligeramente la cabeza para que los cristales no devuelvan el reflejo de la ventana.
Mirada a cámara y sonrisa contenida, la que se hace con los ojos. Ni la seriedad de foto de pasaporte ni la carcajada de foto de boda. Un truco que funciona: haz treinta fotos seguidas hablando en voz baja y elige la del intermedio, cuando la cara ya se ha relajado. Hombros hacia atrás, barbilla ligeramente hacia delante y abajo para estirar el cuello.
Parte de un original de 600 × 800 píxeles como mínimo, en proporción 3:4 vertical, y mejor si tienes el doble para poder recortar. JPEG de calidad alta para retrato; PNG solo si necesitas transparencia, que en un CV rara vez hace falta. El peso razonable en el documento final está entre 150 y 400 KB: por debajo se ven los artefactos de compresión en la piel, por encima engordas el archivo sin ganar nada.
Comprueba el tamaño total del CV terminado. Si supera los 2 MB, comprime la imagen antes de volver a exportar: algunos formularios de candidatura rechazan adjuntos grandes y hay gestores de correo que los recomprimen por su cuenta con resultados feos.
| Criterio | Sesión en estudio | Foto hecha en casa |
|---|---|---|
| Coste | Hay que pagarla; suele incluir varias tomas retocadas | Cero, si ya tienes móvil y una ventana |
| Control de la luz | Total, con esquemas repetibles | Dependes del día y de la hora |
| Fondo | Ciclorama uniforme, sin sorpresas | Necesitas una pared lisa y despejada |
| Retoque | Incluido y, a veces, excesivo | Ajustes básicos de recorte y tono |
| Cuándo compensa | Perfiles de cara al cliente, dirección, moda, audiovisual | Perfiles técnicos, administrativos y primeros empleos |
| Riesgo | Retoque tan fuerte que no te pareces en la entrevista | Distorsión de selfie y fondo doméstico |
Aquí circula mucha leyenda. Conviene separar el mecanismo de los mitos, porque la decisión de dónde colocar la foto depende de entender qué hace la máquina con tu documento.
Un sistema de seguimiento de candidaturas —ATS, por sus siglas en inglés— no «mira» tu CV: lo abre, extrae la capa de texto y la reparte en campos estructurados (nombre, contacto, empresas, fechas, titulación, habilidades). Después indexa ese texto para que el reclutador pueda buscar por palabras clave. La fotografía, para ese proceso, es un objeto binario sin texto dentro. No se puntúa, no se compara y en la inmensa mayoría de los casos ni siquiera se conserva en la ficha.
Dicho de otro modo: la foto no suma ni resta en el cribado automático. Lo que sí puede pasar es que el contenedor donde la has metido estropee la extracción del texto que la rodea.
Los extractores de texto recorren el documento siguiendo el orden en que los elementos están guardados, que no siempre coincide con el orden en que tú los ves. Tres sitios dan problemas de forma recurrente:
La solución no es renunciar a la foto: es anclarla al flujo del documento. En la práctica, eso significa insertarla como imagen en línea dentro de un párrafo propio de la cabecera o de la columna lateral, y dejar el texto fuera de cualquier cuadro flotante.
No te obsesiones con «pasar el ATS». El ATS no rechaza a nadie: ordena. Lo que te deja fuera es que tu experiencia no aparezca en el campo correcto porque el documento estaba mal construido, y eso se arregla con estructura, no con trucos.
Un apunte sobre el PDF: si lo has generado escaneando una impresión o exportando una imagen, el archivo no tiene texto seleccionable y ningún sistema podrá leerlo. Exporta siempre desde el documento original con la función de guardar como PDF, nunca desde una captura de pantalla.
| Dónde pones la foto | Efecto en la maquetación | Efecto en la extracción de texto | Recomendación |
|---|---|---|---|
| Imagen en línea en la cabecera, junto al nombre | Estable al añadir páginas | Sin efecto: el texto sigue en flujo | La opción más segura |
| Arriba de la columna lateral de color | Estable si la columna es una sección, no una tabla | Depende de cómo se haya construido la columna | Buena, con la prueba de copiar y pegar |
| Dentro de una celda de tabla | Estable | Algunos parseadores saltan la celda | Solo si el texto importante va fuera de la tabla |
| En el encabezado de página | Se repite en todas las páginas | Muchos extractores ignoran el encabezado | Evítalo |
| Imagen flotante «delante del texto» | Se desplaza al editar | Puede tapar texto en la conversión | Evítalo |
| Marca de agua o fondo de página | Resta legibilidad | Puede forzar interpretación como imagen | Nunca |
Un currículum con foto es un paquete de datos personales que sale de tu control en cuanto pulsas «enviar». Merece la pena saber qué entregas y qué puedes reclamar después.
Tu imagen es un dato personal por sí misma, porque te identifica. Además permite inferir características que no has declarado: edad aproximada, sexo, origen étnico, a veces convicciones religiosas a través de la vestimenta, y en ocasiones indicios de una discapacidad visible. Ese es exactamente el conjunto de atributos que la legislación de igualdad protege, y la razón por la que media Europa anglosajona prefiere no tenerlo delante mientras decide.
Cuando subes tu CV a un portal de empleo o se lo mandas a una consultora, esa empresa pasa a ser responsable del tratamiento de tus datos. El Reglamento General de Protección de Datos te reconoce, entre otros, el derecho de acceso, el de rectificación, el de oposición y el de supresión, conocido como derecho al olvido. La Agencia Española de Protección de Datos recuerda que ejercer estos derechos es gratuito, que el responsable debe facilitarte medios accesibles para hacerlo y que tiene que contestarte en el plazo de un mes, prorrogable dos meses más si el caso es complejo.
Cómo se hace en la práctica: busca en el aviso legal o en la política de privacidad del portal la dirección de contacto de protección de datos, escribe pidiendo la supresión de tu perfil y de los documentos adjuntos, identifícate y guarda el acuse de recibo. Si pasado el plazo no te contestan o te dicen que no, puedes reclamar ante la propia Agencia.
Antes de subir tu retrato, mira quién publica la oferta. Si el anuncio no identifica a la empresa, no da un correo corporativo y pide «CV con fotografía de cuerpo entero», estás ante una señal de alarma, no ante un proceso de selección. Los agregadores que replican anuncios de terceros son otro punto ciego: tu currículum puede acabar en bases de datos que nunca has visitado. En esos casos, envía la versión sin foto y guarda la versión con retrato para el contacto directo con la empresa.
Quien recibe tu currículum te va a buscar en LinkedIn. Esa comprobación es ya parte del proceso, y las dos imágenes se van a ver seguidas.
No hace falta que sea el mismo archivo, pero sí la misma persona reconocible: misma época, mismo corte de pelo, misma gama cromática de ropa. Lo ideal es salir de una única sesión con dos recortes distintos. Si te cambias el pelo o te dejas barba, actualiza las dos a la vez. Y asegúrate de que la URL de tu perfil que escribes en el CV —en esta plantilla, la línea del globo terráqueo de la columna azul— es la personalizada, no la que LinkedIn genera con números al final.
Si quieres afinar el perfil además de la foto, tenemos una guía específica sobre cómo escribir tu perfil profesional de LinkedIn y otra sobre el extracto profesional del currículum.
Tres colocaciones aguantan bien cualquier plantilla. La primera, esquina superior derecha de la cabecera, alineada con la línea base de tu nombre: es la más conservadora y la que mejor se comporta al imprimir. La segunda, parte alta de la columna lateral, que es lo que hace este diseño: la foto encabeza el bloque de contacto y ordena la lectura de arriba abajo. La tercera, centrada sobre el nombre en un CV de una sola columna, habitual en perfiles creativos.
Lo que no funciona: a mitad de página, al lado de la experiencia laboral, o en el pie. Rompe la jerarquía y obliga al ojo a volver atrás.
Entre 2,5 y 3,5 cm de ancho en A4. Por debajo no se distingue tu cara; por encima le robas espacio a lo que de verdad decide, que es tu experiencia. Mantén la proporción original al redimensionar: arrastra siempre desde una esquina, nunca desde el lado, o saldrás achatado. En una plantilla de dos columnas como esta, la referencia práctica es el ancho del círculo que ya ocupa la cabecera azul.
El círculo suaviza y encaja con diseños modernos de columna de color; exige que el encuadre esté bien centrado, porque recorta las esquinas. El rectángulo con esquinas ligeramente redondeadas es más neutro y aprovecha mejor una foto vertical. En sectores formales, rectángulo. En diseño y tecnología, cualquiera de los dos.
Deja al menos medio centímetro de aire entre la foto y cualquier texto, y alinea su borde con la retícula del documento: si el bloque de contacto empieza a 28 mm del borde, la foto también. Un borde fino del color de acento de la plantilla la integra; una sombra marcada la despega y envejece el diseño.
Trabaja siempre con dos archivos derivados del mismo diseño: uno con foto y otro sin ella. En la versión sin foto no dejes el hueco vacío; reparte ese espacio entre el nombre y el bloque de contacto para que no se note el agujero. Nómbralos de forma distinta para no equivocarte al adjuntar.
Aquí tienes lista la versión sin foto de este mismo diseño, con la cabecera ya reajustada.
Atención al público y comercio. Dependientas, dependientes, personal de tienda, recepción, azafatas y azafatos de congresos: la imagen forma parte del servicio y el retrato se da por descontado. Prioriza una expresión amable y una prenda que podrías llevar en el puesto.
Hostelería y turismo. Sala, recepción de hotel, cruceros y grandes cadenas suelen pedir fotografía en su propio formulario. En este sector es frecuente que además soliciten foto de cuerpo entero para cadenas internacionales; si te la piden por escrito y la empresa está identificada, es una práctica del sector.
Moda, audiovisual y artes escénicas. Aquí la imagen es material de trabajo, pero no la mezcles: el currículum lleva un retrato neutro y el book o el videobook van aparte, enlazados desde el CV. Meter cuatro poses en el currículum lo convierte en otra cosa.
Comercial de campo e inmobiliaria. El retrato acompaña a una actividad que ya se ejerce con la cara por delante: tarjetas, portales de anuncios, firmas de correo.
Tecnología e ingeniería. Lo que se lee son las tecnologías, los proyectos y los resultados. La foto ni ayuda ni molesta, salvo que la empresa sea de matriz anglosajona.
Administración pública. En oposiciones y bolsas de trabajo manda el baremo y el modelo oficial de solicitud. Si el impreso no pide foto, no la añadas.
Sanidad y educación. Pesa la titulación, la colegiación cuando procede y la experiencia acreditable. En centros privados es habitual verla; en la pública, el proceso va por baremo.
Banca, auditoría y consultoría. Depende mucho de la casa matriz. Las firmas grandes suelen tener procesos globalizados con criterios anglosajones, así que la versión sin foto es la apuesta segura.
La plantilla que tienes arriba es un currículum de dos columnas en A4. La columna azul de la izquierda ocupa un 35 % del ancho y agrupa lo que se consulta de un vistazo; la columna blanca de la derecha, el 65 % restante, contiene el contenido que se lee en detalle. Esto es lo que trae exactamente, sin sorpresas.
Perfil profesional. Tres o cuatro líneas con años de experiencia, especialidad y un logro medible. «Administrativa contable con ocho años en pymes del sector industrial; llevo la facturación de 300 clientes y reduje a la mitad el tiempo de cierre mensual» dice más que cualquier adjetivo.
Experiencia. Empieza cada viñeta con un verbo en pasado y cierra con un dato: cuánto, de cuántos, en cuánto tiempo. Ordena de lo más reciente a lo más antiguo. Si cambias de sector, explica en una viñeta qué trasladas al nuevo puesto.
Habilidades. Las barras de progreso son una promesa visual: si pones el 90 % en Excel, alguien te va a pedir tablas dinámicas en la prueba técnica. Reserva los tramos altos para lo que puedes demostrar. Si te incomoda el formato de barra, sustitúyelo por etiquetas de nivel.
Idiomas. Indica el nivel con el marco europeo de referencia (A2, B1, B2, C1) o con una descripción funcional del tipo «reuniones técnicas en inglés sin apoyo». Evita «nivel medio», que no significa nada.
Nombre del archivo. Guarda el PDF como Nombre-Apellido-CV.pdf. Nada de «cv definitivo 3 bueno final.pdf»: ese nombre viaja con el archivo y lo lee quien lo recibe.
Si quieres comparar este diseño con otras estructuras antes de decidirte, revisa currículum cronológico frente a funcional y el listado de mejores plantillas de currículum.
Si tuvieras que quedarte con una sola idea: la foto no consigue el trabajo, pero una foto mal resuelta sí puede quitártelo. Dedícale quince minutos, guárdala bien recortada y reutilízala durante un par de años.
No lo es. Ninguna norma española obliga a incluir fotografía en un currículum, y tampoco existe ninguna que la prohíba. Lo que hay es una costumbre muy asentada: buena parte de las ofertas que se publican en España llegan con CV con foto y a casi nadie le extraña verla. Si el anuncio no la pide y el puesto no tiene un componente de imagen, puedes enviarlo sin foto sin dar explicaciones.
En Reino Unido, Irlanda, Estados Unidos, Canadá y Australia la práctica dominante es el CV sin fotografía. La guía de la EEOC estadounidense sobre preguntas previas a la contratación dice literalmente que el empleador no debería pedir una fotografía del candidato y que, si la necesita para identificarlo, la solicite después de que la oferta se haya hecho y aceptado. Con esa cultura de fondo, un CV con foto no te ayuda: te señala como alguien que no conoce el mercado.
Trabaja con un original de al menos 600 × 800 píxeles para que aguante la impresión, y colócala en el documento ocupando entre 2,5 y 3,5 cm de ancho. En cuanto al peso, un JPEG de 150 a 400 KB basta de sobra. Si el documento final supera los 2 MB por culpa de la imagen, comprime la foto: muchos portales de empleo rechazan adjuntos grandes y algunos gestores de correo los recortan.
Técnicamente sí, y se nota siempre. El selfie trae la distorsión del gran angular del móvil a corta distancia, que ensancha la nariz y estrecha las orejas, y suele llevar fondo de casa y luz de techo. Si no quieres pagar un estudio, haz la foto con otra persona sosteniendo el móvil a dos o tres metros, con el zoom óptico si lo tiene, junto a una ventana y contra una pared lisa.
Un sistema de seguimiento de candidaturas no puntúa la fotografía: extrae texto. Lo que sí puede romperse es el parseo del documento si la imagen va dentro de una tabla, de un encabezado, de un pie o de un cuadro de texto flotante, porque ahí el extractor puede perder el orden de lectura o ignorar el contenedor entero. El riesgo no está en la foto, está en dónde la pegas.
En la esquina superior derecha de la cabecera o en la parte alta de la columna lateral, que es lo que hace esta plantilla. Alinéala con la línea base de tu nombre, dale un ancho fijo y deja al menos medio centímetro de aire alrededor. Lo que descuadra un CV no es la foto: es una foto con ajuste de ajuste «delante del texto» que flota y empuja párrafos al pasar a la segunda página.
No tiene que ser el mismo archivo, pero sí la misma persona reconocible: mismo corte de pelo, misma gama de ropa, misma época. Quien recibe tu CV va a buscarte en LinkedIn casi seguro, y una disonancia fuerte entre las dos imágenes genera una duda tonta que no te conviene. Si te renuevas el pelo o la barba, cambia las dos a la vez.
DNI o NIE, número de la Seguridad Social, dirección postal completa, fecha de nacimiento, estado civil, número de hijos y matrícula del coche. Nada de eso sirve para valorar tu candidatura y todo eso viaja después por bases de datos que no controlas. Con ciudad, provincia, correo y teléfono el reclutador tiene todo lo que necesita para llamarte.
Sí. El Reglamento General de Protección de Datos te reconoce el derecho de supresión, y la Agencia Española de Protección de Datos recuerda que ejercerlo es gratuito y que el responsable debe contestarte en el plazo de un mes, prorrogable dos meses más en casos complejos. Escribe al correo de protección de datos que figura en el aviso legal del portal y pide la supresión de tu perfil y de los documentos adjuntos.
La versión que ves en pantalla reserva el sitio en la cabecera de la columna azul. El archivo .docx que descargas conserva esa estructura de columnas, pero no lleva dentro ningún marco de imagen: la foto la insertas tú con Insertar y luego Imágenes, y la ajustas al ancho de la columna. Te lo contamos paso a paso más arriba para que no se te descoloque el resto del documento.
PDF casi siempre, porque congela la maquetación y la foto llega donde la pusiste. Manda .docx solo cuando el anuncio lo pida expresamente o cuando la consultora te avise de que su sistema no acepta PDF. Sea cual sea el formato, comprueba antes que el texto se puede seleccionar y copiar: un PDF exportado como imagen no tiene capa de texto y ahí sí que no hay nada que leer.
Color, salvo que todo tu CV sea en escala de grises y la foto en color cante. El blanco y negro tiene un aire de retrato de autor que funciona en diseño y en audiovisual, y resulta raro en una candidatura administrativa o técnica. Si dudas, color neutro y fondo claro.
Guía editorial de PlantillaGratis. No realizamos procesos de selección ni valoramos candidaturas: la información sobre normativa de igualdad y protección de datos es divulgativa y remite a las fuentes oficiales enlazadas. Actualizada el 20 de septiembre de 2026.
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