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Calendario Editorial: Plantilla para Blogs

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Archivo Excel editable con la rejilla semanal por horas (de lunes a domingo), un bloque de notas y otro de objetivos de la semana. Se abre igual en Excel, en LibreOffice y en Google Sheets.

3 descargas gratuitas · El formulario pide nombre, email y aceptar la política de privacidad

Editable Imprimible Sin marca de agua

Antes de descargar: elige la rejilla o las columnas

Hay dos formas de llevar un calendario editorial y no valen para lo mismo. El archivo de arriba es una rejilla semanal por franjas horarias: sirve para bloquear el tiempo de escritura y para ver la semana de un vistazo, pero no tiene una fila por pieza ni columnas de estado. Si lo que buscas es la tabla clásica con una fila por artículo y columnas de canal, formato, estado y responsable, descarga la versión de columnas.

Incluye Fecha, Canal, Tema/Título, Formato, Pilar de contenido, Estado, Responsable y Enlace/Notas, más una segunda hoja con los estados sugeridos. Tienes la ficha completa en plantilla de calendario de contenidos.

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Un calendario editorial es la tabla en la que cada pieza de contenido ocupa una fila con su fecha de publicación, su canal, su formato, su tema, quién la hace y en qué estado está. No es una lista de ideas ni un cuaderno de notas: es el sitio donde se decide con antelación qué sale, cuándo sale y quién lo saca, y donde se ve en dos segundos qué está atascado. Con ocho columnas bien elegidas y una revisión semanal de quince minutos, cubre el trabajo de un blog, una newsletter y dos redes sociales.

Qué es un calendario editorial y qué problema resuelve de verdad

El problema que resuelve no es la falta de ideas. Casi nadie se queda sin temas: lo que falla es la secuencia. Escribes cuando tienes un rato, publicas cuando el texto está terminado, y el resultado es una web con tres artículos en marzo, ninguno en abril y cinco en mayo escritos a última hora porque alguien recordó que había que publicar. Ese patrón se nota en el tráfico, se nota en la calidad y se nota sobre todo en la cabeza de quien escribe, que trabaja siempre con la sensación de ir tarde.

Un calendario editorial convierte esa improvisación en una cola de trabajo. Cuando el mes está cerrado, sentarte a escribir deja de exigir una decisión previa: ya sabes qué toca, qué ángulo tiene, para quién es y a qué hora sale. Ese ahorro de decisiones es la mitad del beneficio. La otra mitad llega al hacer visible el cuello de botella: si cuatro piezas llevan tres semanas en «revisión», el problema no es que se escriba poco, sino que hay una persona revisando por encima de su capacidad.

Calendario editorial y calendario de contenidos: la diferencia práctica

Los dos nombres se usan como sinónimos y no pasa nada por mezclarlos. Cuando alguien los separa, suele hacerlo así: el editorial se refiere a las piezas con proceso de redacción y revisión (artículos de blog, guías, casos, notas de prensa), y el de contenidos es el paraguas que además incluye redes sociales, newsletter, vídeo y podcast. Si trabajas solo o en un equipo pequeño, no montes dos archivos. Una sola tabla con una columna de canal te da lo mismo y evita el peor efecto secundario de separarlos: que el blog y la newsletter acaben viviendo en universos paralelos y nadie reutilice nada.

Cuándo NO necesitas un calendario editorial

Si publicas una pieza al mes, escribes tú, revisas tú y publicas tú, el calendario aporta poco frente a un recordatorio en la agenda. Montar una tabla de catorce columnas para tres artículos al trimestre es fabricar trabajo administrativo. El calendario empieza a compensar cuando se cumple alguna de estas tres condiciones: hay más de una persona implicada, hay más de un canal en juego, o hay campañas con fecha de caducidad. Antes de eso, un documento con la lista de temas ordenada por prioridad hace el mismo servicio.

Un calendario editorial no sirve para publicar más. Sirve para publicar lo mismo sin la sensación permanente de ir con retraso, y para descubrir dónde se atascan las piezas antes de que se atasquen todas.

Qué contiene exactamente el archivo que descargas aquí

Conviene decirlo claro para que nadie descargue esperando otra cosa. El Excel del botón principal es una rejilla semanal: la primera columna son franjas horarias de 08:00 a 18:00 y las siete siguientes son los días de la semana, de lunes a domingo. Debajo hay un bloque de notas y otro de objetivos de la semana. Las tres primeras filas están congeladas, así que al desplazarte sigues viendo los encabezados.

Ese formato tiene un uso concreto y bastante bueno: bloquear el tiempo. Si tu problema es que nunca encuentras el hueco para escribir, pintar en la rejilla dos bloques de dos horas los martes y los jueves resuelve más que cualquier tabla de estados. Lo que esa rejilla no hace es llevar el seguimiento pieza a pieza, porque no tiene una fila por contenido ni columnas de estado, canal o responsable.

Para eso está el segundo archivo, el de la caja naranja de arriba: una tabla con Fecha, Canal, Tema o Título, Formato, Pilar de contenido, Estado, Responsable y Enlace o Notas, más una segunda hoja con los estados sugeridos (idea, redactando, en revisión, programado, publicado) y tres filas de ejemplo ya rellenas. Es la estructura que describe el resto de esta guía. Descarga la que encaje con tu problema, o las dos: una para reservar el tiempo y otra para seguir las piezas.

FormatoQué ves de un vistazoPara qué es buenoDónde se queda corto
Rejilla semanal por horas
(el archivo principal)
Tu semana, hora a hora, con los siete días en paraleloReservar bloques de escritura, repartir la carga entre días, imprimir y colgarloNo hay estados, ni responsable, ni histórico de lo publicado
Tabla por columnas
(el segundo archivo)
Una fila por pieza, ordenable y filtrable por canal o estadoSeguimiento del flujo, reparto de trabajo, ver qué está atascadoNo transmite bien la sensación de «semana llena» ni el reparto horario
Vista de mes tipo calendario
(la que montas tú)
Los huecos del mes y los solapes entre campañasPresentar el plan a un cliente o a direcciónEs una vista, no una base de datos: duplicar información ahí da errores

Las columnas que necesita de verdad un calendario editorial

La tentación de las primeras versiones es meter veinte columnas. Al mes siguiente hay ocho vacías y la tabla no cabe en pantalla. La regla que funciona: una columna entra solo si alguien la va a rellenar cada semana y si sirve para tomar una decisión. Estas ocho son el mínimo con el que un calendario sigue vivo a los seis meses.

ColumnaQué decisión permiteCómo rellenarla
Fecha de publicaciónOrdena la cola y detecta semanas sobrecargadasFormato fecha real (no texto), para poder ordenar y filtrar
CanalVer si un canal se está quedando sin alimentoLista cerrada: blog, newsletter, Instagram, LinkedIn, YouTube…
FormatoEstimar el esfuerzo antes de comprometer la fechaLista cerrada: artículo, guía, vídeo corto, carrusel, email, nota
Tema o título de trabajoSaber de qué va la pieza sin abrir el briefFrase corta y concreta, no una categoría genérica
Keyword o ánguloEvitar dos piezas que compiten por lo mismoUna sola keyword principal por fila; el resto, al brief
EstadoLocalizar el atasco de la semanaLista cerrada con validación de datos y colores
ResponsableQue cada fila tenga un dueño y no «el equipo»Un nombre, nunca dos; si hay revisor, columna aparte
EnlaceLlegar al brief antes de publicar y a la URL despuésUna sola celda que primero apunta al borrador y luego a la URL final

Las columnas opcionales que sí merecen la pena

CTA: qué quieres que haga quien lee. Ponerla obliga a decidir antes de escribir si la pieza empuja a la newsletter, a una descarga, a una página de servicio o a nada. Muchas piezas mediocres nacen de no haber contestado esa pregunta. Pilar de contenido: el tema paraguas al que pertenece. Sirve para ver de un vistazo si llevas cuatro meses hablando solo de una cosa. Intención o fase del embudo: si todo lo que planificas es de descubrimiento, tendrás visitas y ninguna conversión; si todo es comercial, tendrás poca visita.

Las columnas que casi siempre sobran

Fecha de creación de la idea, número de palabras objetivo, densidad de keyword, coste estimado, prioridad del 1 al 10 y una casilla de «aprobado» que nadie marca. Todas parecen útiles el primer día. La prioridad numérica es la más engañosa: cuando todo es un 8, no ordena nada. Si necesitas priorizar, hazlo con tres valores (alta, media, baja) y admite que la media es el cajón de sastre.

Los estados: el corazón del calendario

La columna de estado es la que convierte una lista en un sistema. Cinco valores bastan y cada uno tiene que significar algo que se pueda comprobar mirando la pieza, no una sensación.

  • Idea: hay un tema y un ángulo, no hay nada escrito. Puede vivir aquí meses sin culpa.
  • Brief listo: alguien ha definido a quién va dirigida, qué preguntas responde, qué extensión aproximada tiene y qué enlaces internos lleva. Es el estado que más gente se salta y el que más tiempo ahorra.
  • Redactando: hay un borrador abierto con dueño y fecha de entrega.
  • En revisión: el borrador está terminado y espera a otra persona. Si se acumulan piezas aquí, el problema es de capacidad de revisión, no de escritura.
  • Programado: la pieza está maquetada, con imágenes, enlaces y meta, y tiene fecha en el gestor. A partir de aquí ya no se toca salvo error.

Después de publicado conviene un sexto estado que casi nadie usa: actualizable. Es donde aparcas las piezas que dentro de seis o doce meses habrá que revisar porque tienen datos con fecha de caducidad. Sin ese estado, las actualizaciones se hacen cuando alguien se tropieza con el artículo viejo, que suele ser tarde.

Quién mueve la tarjeta

Regla simple: mueve el estado quien acaba de terminar su parte, no quien la recibe. Si el redactor deja la pieza en «redactando» y espera a que el revisor la pase a «en revisión», nadie sabe cuándo empezó la espera. Ese detalle, que parece burocrático, es la diferencia entre un calendario que refleja la realidad y uno que hay que preguntar por chat para saber cómo va.

Cadencia realista según el tamaño del equipo

La pregunta más repetida es cuántos artículos al mes hay que publicar. La respuesta útil no es un número universal, es esta: los que puedas sostener durante doce meses seguidos. Publicar ocho piezas en dos meses y luego desaparecer rinde peor que publicar tres al mes sin fallar, porque el contenido orgánico necesita tiempo para madurar y porque una audiencia que espera un email semanal se desengancha con dos semanas de silencio.

Quién lo llevaCadencia sostenibleHorizonte que conviene planificarDónde suele romperse
Una persona, a ratos, con otro trabajo1-2 piezas largas al mes y una newsletter quincenalUn mes cerrado, dos meses esbozadosEn el primer imprevisto laboral: sin colchón de piezas hechas, se para
Una persona dedicada al contenido3-4 piezas largas al mes más la distribuciónUn mes cerrado, el trimestre por temasCuando la misma persona escribe, maqueta, publica y mide sin ayuda
Dos o tres personas con roles distintos6-10 piezas al mes repartidas entre canalesMes cerrado, trimestre con campañas fechadasEn la revisión: un solo revisor es el cuello de botella clásico
Equipo con colaboradores externosLo que aguante el proceso de brief y revisiónTrimestre cerrado por necesidad de encargoEn los briefs flojos: cada texto vuelve dos veces y el calendario se descuadra

Un matiz que ahorra disgustos: la cadencia se mide en piezas terminadas, no en piezas empezadas. Si tienes nueve borradores a medias y publicas dos al mes, tu cadencia real es dos. Los borradores acumulados no son producción, son deuda.

De la lista de ideas al calendario: el proceso en cinco pasos

1. Un backlog aparte, no dentro del calendario

Las ideas viven en una hoja separada o en las filas inferiores de la misma hoja, sin fecha. Mezclar ideas sin fecha con piezas comprometidas es lo que hace que un calendario acabe con ciento veinte filas y nadie sepa qué hay que hacer esta semana. Al backlog entra todo: preguntas que te hacen los clientes, dudas que ves en foros, temas que la competencia cubre mal, actualizaciones pendientes.

2. Agrupar por pilares antes de priorizar

Ordena las ideas en tres o cuatro pilares temáticos. Si te salen once pilares, no son pilares, son etiquetas. Agrupar antes de priorizar evita el error más común de los primeros meses: elegir las diez ideas más apetecibles y descubrir que las diez son del mismo tema, con lo que se canibalizan entre ellas y dejan el resto del negocio sin cubrir.

3. Priorizar con dos criterios, no con siete

Interés para el negocio y esfuerzo estimado. Con eso ya tienes cuatro cuadrantes y la decisión sale sola: mucho interés y poco esfuerzo primero; mucho interés y mucho esfuerzo, planificado con margen; poco interés y poco esfuerzo, como relleno de huecos; poco interés y mucho esfuerzo, fuera. Añadir más criterios da una sensación de rigor que la práctica no confirma.

4. Encajar en el mes dejando hueco

Planifica alrededor del ochenta por ciento de tu capacidad y deja el resto libre. Ese hueco no es pereza: es donde caben la actualidad, la respuesta a algo que ha pasado en tu sector y la pieza que se ha alargado más de lo previsto. Un mes planificado al cien por cien se rompe en la primera semana y arrastra el descuadre a los meses siguientes.

5. Cerrar el mes con nombres y fechas

Una pieza no está planificada hasta que tiene fecha de publicación, responsable y estado. Mientras solo tenga tema, sigue siendo una idea con buena pinta. Ese cierre conviene hacerlo en una sesión concreta del mes anterior, con el calendario delante y la disposición de decir que no a la mitad de las ideas.

Si el calendario no te obliga a descartar ideas, no está haciendo su trabajo. Un plan en el que cabe todo no es un plan, es una lista de deseos con formato de tabla.

Reutilizar una pieza en varios canales sin repetirte

Escribir una guía larga y publicarla una sola vez es tirar la mitad del trabajo. La reutilización no consiste en copiar el texto en todas partes: consiste en extraer de la pieza madre las partes que funcionan solas y adaptarlas al formato de cada canal. Una tabla comparativa se convierte en carrusel; una definición clara se convierte en respuesta a una pregunta; un error típico se convierte en vídeo corto.

De la pieza madre sale…Canal donde encajaTrabajo extraCuándo publicarla
La respuesta directa del inicioNewsletterBajo: reescribir la entrada y añadir el enlaceLa misma semana
La tabla comparativaCarrusel o imagen en redesMedio: hay que maquetarDe siete a diez días después
Un error típico explicadoVídeo cortoAlto: guion, grabación y ediciónCuando haya hueco de producción
Las preguntas frecuentesRespuestas en foros y comunidadesBajo, pero exige contexto realSolo cuando la pregunta aparezca de verdad
La pieza entera, revisadaEl mismo blog, como actualizaciónMedio: revisar datos y enlacesA los seis o doce meses

Para que esto ocurra sin esfuerzo mental, la reutilización se planifica en el calendario en el mismo momento en que se planifica la pieza madre. Si la publicación es el día 10, las filas derivadas ya se crean con fechas del 12, del 17 y del 24, en estado «idea». Dejarlo para «cuando esté publicado» equivale a no hacerlo: el día de la publicación siempre hay otra cosa urgente.

Cómo medir el calendario (y qué no medir)

Hay dos mediciones distintas y se confunden a menudo. Una mide el proceso: cuántas piezas planificaste, cuántas salieron en fecha, cuánto tarda una pieza desde «brief listo» hasta «publicado». Esa medición es inmediata, depende solo de ti y es la que te dice si el calendario funciona. La otra mide el resultado: visitas, suscriptores, contactos, ventas. Esa tarda y depende de muchas cosas ajenas al calendario.

Tres métricas de proceso que sí valen

Cumplimiento: piezas publicadas frente a piezas planificadas en el mes. Si estás por debajo de la mitad de forma sostenida, el problema es de planificación optimista, no de falta de trabajo. Tiempo de ciclo: días desde que una pieza entra en «redactando» hasta que se publica. Si crece mes a mes, hay un atasco creciendo. Piezas atascadas: cuántas llevan más de dos semanas en el mismo estado. Es la métrica más útil de las tres porque señala una persona o un paso concreto.

Métricas de resultado, con paciencia

Para contenido orgánico, mirar el tráfico de una pieza a los quince días de publicarla no informa de casi nada: aún se está indexando y posicionando. Una ventana razonable para juzgar una pieza de blog va de tres a seis meses, y conviene compararla con piezas del mismo tipo, no con la media del sitio. En newsletter, el plazo es el contrario: si un email no funciona, se sabe en cuarenta y ocho horas.

Qué no medir

El número de palabras publicadas al mes. Las impresiones sin contexto de posición. La «puntuación SEO» de un plugin, que mide su propia lista de comprobación y no el mercado. Y sobre todo, cualquier métrica que nadie va a mirar dos veces: si añades una columna de resultados y a los tres meses está vacía, retírala. Un calendario con columnas muertas educa a todo el equipo a ignorar el calendario.

Mensual o trimestral: las dos capas

La discusión sobre si planificar por meses o por trimestres tiene trampa, porque la respuesta es que hacen cosas distintas y conviven bien. El trimestre decide de qué se habla; el mes decide cuándo y quién.

CapaNivel de detalleQuién la revisaCuándo se toca
TrimestralPilares, campañas, hitos con fecha fija (ferias, temporada, cierres fiscales)Quien decide la estrategiaUna sesión antes de que empiece el trimestre
MensualFecha exacta, canal, formato, responsable, estadoQuien produceCierre en la última semana del mes anterior
SemanalSolo mover estados y desatascarTodo el equipo, en quince minutosMismo día y misma hora cada semana

La estacionalidad se planifica en la capa trimestral y con margen. Una pieza sobre la campaña de la renta o sobre la vuelta al cole se prepara con semanas de antelación, porque llegar el día que empieza la temporada es llegar tarde para el buscador. En el calendario, esas piezas se marcan con la fecha de publicación deseada y una fecha de entrega bastante anterior.

Montarlo en Excel, Google Sheets o Notion

Excel

Tres funciones cubren el noventa por ciento del trabajo. Validación de datos en las columnas de canal, formato y estado, para que nadie escriba «Instagram», «IG» e «instagram» en tres filas y luego los filtros no cuadren. Formato condicional sobre la columna de estado, con un color por valor, que es lo que permite ver la salud del mes sin leer nada. Y convertir el rango en tabla para que los filtros y las fórmulas se extiendan solas al añadir filas. Si además quieres avisos, una regla condicional que pinte en rojo las fechas pasadas con estado distinto de «publicado» te ahorra la revisión manual.

Google Sheets

Lo mismo, con dos ventajas para trabajo en equipo: varias personas editando a la vez y el historial de versiones, que resuelve la discusión de quién cambió una fecha. Las vistas con filtro permiten que cada persona vea solo sus filas sin alterar lo que ven las demás, que es el detalle que más fricción quita en equipos de tres o cuatro. Sube el archivo Excel de esta página y funciona sin conversión previa.

Notion, Trello, Airtable y compañía

Estas herramientas aportan una cosa que la hoja de cálculo hace peor: la misma información vista como tabla, como tablero de estados o como calendario, sin duplicar datos. Si tu equipo piensa en tarjetas que se mueven de columna, el tablero encaja mejor que una hoja. Todas tienen planes gratuitos con límites y planes de pago cuyas condiciones cambian con frecuencia, así que compruébalas en la web de cada producto antes de decidir: aquí no vas a encontrar una tabla de precios porque cualquier cifra que pusiéramos hoy estaría desfasada mañana.

El criterio para cambiar de herramienta no es la funcionalidad, es el dolor. Mientras la hoja de cálculo no te esté molestando, cambiar solo añade una migración y una curva de aprendizaje. Las señales de que se ha quedado corta: necesitas permisos distintos por persona, hay aprobaciones formales que dejar registradas, o gestionas tantas piezas simultáneas que la hoja ya no cabe en una pantalla.

Ocho errores que matan un calendario editorial

1. Planificar al cien por cien de la capacidad. Sin holgura, el primer imprevisto arrastra todo el mes. Deja libre alrededor de una quinta parte.

2. Fechas sin responsable. Una fila con fecha y sin nombre es una fecha que nadie va a cumplir. «El equipo» no es un responsable.

3. Confundir el backlog con el calendario. Si las ideas sin fecha están mezcladas con las piezas comprometidas, la tabla deja de servir para saber qué toca esta semana.

4. Empezar por el canal en vez de por el tema. Decidir «tres posts semanales en LinkedIn» antes de saber de qué se habla lleva a rellenar huecos con contenido sin sustancia.

5. No planificar la distribución. La pieza se publica y ahí muere. La distribución tiene que ocupar filas propias en el calendario, con su fecha y su responsable.

6. Olvidar las actualizaciones. El calendario solo mira hacia delante y el archivo antiguo se pudre. Reserva una fila al mes para revisar una pieza que ya recibe visitas.

7. Añadir columnas que nadie rellena. Cada columna muerta enseña al equipo que el calendario es opcional.

8. No tener una revisión semanal fija. Sin un momento acordado para mover estados, el calendario refleja la realidad de hace dos semanas y deja de creerse.

Adaptarlo a tu caso

Blog orientado a búsquedas

Aquí la columna de keyword manda y el peligro es la canibalización: dos piezas apuntando a la misma intención se hacen sombra. Antes de meter una fila nueva, filtra por keyword y comprueba que no exista ya algo parecido; si existe, la decisión correcta suele ser actualizar en vez de escribir. Conviene también una columna de enlaces internos previstos, aunque sea con dos URLs, porque los enlaces puestos en el momento de escribir salen mucho mejor que los añadidos a posteriori.

Ecommerce con temporadas

El calendario se construye hacia atrás desde las fechas comerciales. La guía de compra de una campaña se publica y se posiciona semanas antes de que empiece la demanda, no el día del pico. Añade una columna de producto o categoría asociada para saber qué gama está desatendida, y marca claramente qué piezas caducan al terminar la campaña para retirarlas o actualizarlas.

B2B y ciclos de venta largos

La columna de fase del embudo pasa a primer plano y la cadencia importa menos que la profundidad. Aquí una pieza al mes bien trabajada, con datos propios y un caso concreto, hace más que ocho piezas cortas. La revisión mensual conviene compartirla con ventas: las objeciones que oyen en las llamadas son el mejor backlog que existe.

Marca personal

El riesgo es el contrario: sobra impulso y falta constancia. Un calendario ligero, con dos filas semanales y una revisión de cinco minutos, sostiene mejor el ritmo que un sistema complejo que se abandona en marzo. Planifica en bloques: dedica una tarde a producir cuatro piezas y prográmalas, en vez de improvisar cada día.

La rutina que mantiene vivo el calendario

Cada semana, quince minutos. Se mueven estados, se marcan las piezas atascadas y se confirma que lo de la semana siguiente tiene responsable. No se discute estrategia ni se añaden ideas nuevas: solo se actualiza el estado real.

Cada mes, una hora. Se cierra el mes siguiente con fechas y nombres, se repasan las piezas publicadas y se decide si alguna necesita una segunda vuelta de distribución. Aquí sí entran ideas nuevas desde el backlog.

Cada trimestre, media mañana. Se revisan los pilares, se mira qué formatos han funcionado, se retiran columnas muertas y se ajusta la cadencia al alza o a la baja con datos delante. Bajar la cadencia cuando hace falta no es un fracaso: es lo que evita el abandono.

Con esas tres citas, un archivo de ocho columnas y la disciplina de mover los estados cuando toca, el calendario editorial deja de ser un documento bonito de enero y se convierte en la herramienta que usas cada semana. Descarga el archivo que encaje con tu forma de trabajar, quítale las columnas que no vayas a rellenar y empieza por cerrar un solo mes. Un mes cerrado y cumplido enseña más que un año planificado en un documento que nadie abre.

Preguntas frecuentes sobre el calendario editorial

¿Qué es un calendario editorial?

Es la tabla donde cada pieza de contenido tiene una fila con fecha de publicación, canal, formato, tema, responsable y estado. Sirve para decidir con antelación qué se publica y para ver de un vistazo qué está atascado, en lugar de preguntarlo por chat cada semana.

¿Qué diferencia hay entre calendario editorial y calendario de contenidos?

En la práctica se usan como sinónimos. Cuando alguien los separa, llama editorial al que gestiona el blog y las piezas largas con proceso de redacción y revisión, y de contenidos al que además incluye redes sociales, newsletter y vídeo. En un equipo pequeño conviene un único archivo con una columna de canal.

¿Qué columnas necesita un calendario editorial?

Con ocho vas servido: fecha de publicación, canal, formato, tema o título, keyword o ángulo, estado, responsable y enlace al brief o a la pieza publicada. Las demás son opcionales y solo valen si alguien las va a rellenar cada semana.

¿Cuántos artículos al mes debería publicar?

Los que puedas sostener doce meses seguidos. Una persona a tiempo parcial suele mantener entre dos y cuatro piezas largas al mes; con dedicación completa, entre tres y cinco más la distribución. Publicar ocho durante dos meses y luego parar rinde peor que cuatro constantes.

¿Mejor un calendario mensual o trimestral?

Los dos, en capas distintas. El trimestre fija temas, pilares y campañas sin fechas cerradas; el mes fija fechas concretas, responsables y estados. Cerrar tres meses día a día se rompe a la primera imprevista.

¿Sirve Excel o necesito una herramienta de pago?

Una hoja de cálculo cubre sin problema a un equipo de una a cinco personas, con validación de datos para los estados y formato condicional para los colores. Las herramientas específicas empiezan a compensar cuando hay varios revisores, aprobaciones que registrar o decenas de piezas simultáneas.

¿Cada cuánto hay que revisar el calendario?

Una revisión corta semanal para mover estados y desatascar piezas, y una sesión mensual más larga para cerrar el mes siguiente. Sin la revisión semanal, el calendario refleja la realidad de hace quince días y el equipo deja de fiarse de él.

¿Qué hago con los huecos si me quedo sin ideas?

Antes de inventar un tema, mira las piezas antiguas que ya reciben visitas y actualiza una: datos, enlaces rotos, ejemplos desfasados y estructura. Una actualización bien hecha suele rendir más que un artículo nuevo sobre algo que nadie busca.

¿Cuánto tarda en verse el efecto de un calendario editorial?

El efecto en el proceso es inmediato: dejas de improvisar y sabes qué toca cada semana. El efecto en tráfico orgánico tarda meses, porque una pieza nueva necesita tiempo para indexarse, ganar enlaces y madurar en resultados. Juzga una pieza de blog a partir del tercer mes, no a los quince días.

¿Debo planificar también las redes sociales en el mismo archivo?

Sí, en la misma tabla y con una columna de canal. Separar archivos por canal es lo que provoca que la newsletter y el blog vayan cada uno por su lado y que nadie reutilice nada. Las piezas derivadas se crean el mismo día que la pieza madre, con sus propias fechas.

¿Qué métricas conviene poner en el calendario?

Pocas y revisadas a la vez: una de alcance, una de interacción y una de resultado. Añade también las de proceso, que son las que dependen de ti: cumplimiento del mes, días de ciclo y piezas atascadas más de dos semanas. Meter métricas que nadie va a rellenar convierte el calendario en un formulario abandonado.

¿Puedo usar la plantilla para un cliente o para mi empresa?

Sí, es un archivo Excel editable y sin marca de agua. Puedes cambiar columnas, colores, estados y encabezados, trabajarlo en Excel o en LibreOffice, o subirlo a Google Sheets para editarlo con más gente a la vez.

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