Formato de factura: tipos legales en España y cuál elegir según tu caso
Cuando un cliente te pide «la factura con el formato correcto», en realidad te está preguntando dos cosas a la vez: qué documento fiscal tienes que emitir y en qué archivo se lo vas a mandar. La primera la decide la ley; la segunda, casi siempre, la decides tú. Mezclarlas es la causa de la mayoría de dudas que tienen los autónomos y las pymes al empezar a facturar: ¿vale un PDF?, ¿tengo que usar factura electrónica?, ¿sirve una plantilla de Word?, ¿qué es eso del código QR que llevan ahora algunas facturas? En esta guía separamos las dos decisiones, repasamos todos los tipos de factura que regula el reglamento español, comparamos los formatos de archivo que vas a encontrarte en 2026 y te damos una recomendación concreta según tu perfil. La factura no es un trámite menor: es la base de tu contabilidad, el documento que permite a tu cliente deducirse el IVA y la prueba que te pedirá la Agencia Tributaria si alguna vez revisa tu actividad.
Respuesta rápida: en España conviven dos preguntas que la gente mezcla. La primera es el formato legal (factura completa, simplificada, rectificativa, recapitulativa o proforma), que decide la normativa: el Reglamento de facturación aprobado por el Real Decreto 1619/2012. La segunda es el formato de archivo (papel, PDF, Word, Excel, Facturae XML o UBL), que eliges tú salvo cuando facturas a una Administración Pública, donde el XML Facturae por FACe es obligatorio. Para la mayoría de autónomos y pymes en 2026 la combinación que funciona es: factura completa como norma, entregada en PDF, conservada en digital al menos cuatro años y emitida desde un programa preparado para el Real Decreto 1007/2023 (Veri*factu), cuya obligatoriedad se ha aplazado a 2027.
Sigue leyendo y verás la comparativa formato a formato, qué datos exige la ley en cualquiera de ellos y qué elegir según tu perfil.
¿Por qué el formato de tu factura importa más de lo que crees?
Es fácil ver la factura como un papel que hay que rellenar y enviar, pero el formato de factura cumple tres funciones a la vez. Es un requisito legal: si falta un dato obligatorio, la factura no cumple el reglamento. Es un documento contable para tu cliente: si es empresario o profesional, la necesita correcta para deducirse el IVA soportado y el gasto. Y es tu carta de presentación: una factura ordenada, con la numeración correcta y un concepto claro, transmite una imagen profesional y se paga antes que una que obliga al departamento de compras a llamarte para preguntar.
En empresas medianas y grandes es habitual que el departamento de contabilidad devuelva facturas por detalles que al emisor le parecen menores: falta el número de pedido o de expediente, el concepto es demasiado vago o la retención está mal calculada. Cada devolución retrasa el cobro y te obliga a emitir una rectificativa o a reenviar el documento. Por eso cada campo tiene su razón de ser: desde el NIF del emisor y del receptor hasta la descripción detallada de los servicios o productos, pasando por los impuestos desglosados y la fecha de expedición. Saltarse uno de estos elementos puede implicar que tu cliente pierda la deducción, que tengas que rectificar o, en una comprobación, una sanción por incumplir las obligaciones de facturación. Mi opinión es clara: no escatimes tiempo en aprender lo básico del formato de factura. Se aprende una vez y se aplica en cada documento que emitas.
¿Factura ordinaria, simplificada, rectificativa o recapitulativa? ¡No te líes!
Tanto si emites una factura electrónica como en papel, no estás ante un único documento, sino ante varias categorías que sirven para propósitos distintos. Conocer las diferencias te evita errores que cuestan dinero o disgustos con la Agencia Tributaria. La factura ordinaria, que el reglamento llama simplemente «factura» y en la práctica se conoce como completa, es la reina: la usas para la mayoría de operaciones entre empresas y profesionales. Debe incluir numeración correlativa, fecha de expedición, nombre y NIF del emisor y del destinatario, domicilios, descripción de la operación, base imponible, tipo impositivo, cuota tributaria y el importe total. Es la que permite a tu cliente deducirse el IVA sin discusión.
Luego está la factura simplificada, que mucha gente sigue llamando «ticket» o «tique». Está pensada para operaciones de poco importe (hasta 400 euros con IVA incluido con carácter general, y hasta 3.000 euros con IVA incluido en la lista tasada de actividades del artículo 4 del Real Decreto 1619/2012, como comercio al por menor, hostelería, peluquerías, taxis o aparcamientos) y para las facturas rectificativas en esos mismos supuestos. En su versión básica no identifica al destinatario, y por eso no sirve para deducir el IVA. Pero el artículo 7.2 del reglamento prevé una variante: si el cliente empresario o profesional te lo pide, la simplificada incluye su NIF y domicilio y la cuota de IVA repercutida por separado, y entonces sí le permite deducirse el impuesto. Mi consejo: si tu cliente es empresa o autónomo, emite directamente la completa; la simplificada es para el mostrador.
La factura rectificativa es tu salvavidas cuando has cometido un error en una factura anterior, ya sea en los datos, los importes o los impuestos, o cuando se produce una devolución, un descuento posterior o un impago que modifica la base imponible. Tiene que llevar una serie específica, referenciar la factura original que corrige y especificar el motivo de la rectificación. No se trata de eliminar la anterior, sino de corregirla con un nuevo documento. Tachar o modificar una factura ya emitida no está permitido; usa siempre la rectificativa si quieres dormir tranquilo.
Y la factura recapitulativa agrupa en un solo documento varias operaciones hechas para un mismo destinatario dentro de un mismo mes natural. Es la opción lógica si suministras a un cliente varias veces al mes (un obrador que sirve pan a una cafetería, un taller que repara la flota de una empresa): en lugar de emitir una factura por entrega, emites una al final del mes con todas ellas. Se rige por el artículo 13 del reglamento y tiene su propio plazo de expedición.
| Tipo de factura | Uso principal | Datos obligatorios clave | ¿Permite deducir el IVA al cliente? |
|---|---|---|---|
| Ordinaria o completa | Operaciones comerciales generales | Todos los del artículo 6 (NIF de emisor y destinatario, desglose de IVA, etc.) | Sí |
| Simplificada | Operaciones de bajo importe o minoristas | Número, fecha, NIF del emisor, descripción, tipo de IVA o «IVA incluido», total | Solo si incluye NIF y domicilio del cliente y la cuota por separado (art. 7.2) |
| Rectificativa | Corregir errores o modificar la base de facturas anteriores | Serie propia, referencia a la factura original, motivo de la rectificación | Ajusta la deducción según la corrección |
| Recapitulativa | Varias operaciones con un mismo cliente en el mismo mes natural | Los de la completa, más las fechas de cada operación | Sí |
| Proforma | Oferta o documento previo a la operación | Libres; conviene rotularla como «proforma» | No, no tiene valor fiscal |
¿Estás preparado para el salto digital? La factura electrónica ya está en camino
La Ley 18/2022, de creación y crecimiento de empresas, conocida como Ley Crea y Crece, prevé que la factura electrónica estructurada pase a ser obligatoria en las operaciones entre empresas y autónomos. No será de un día para otro: la obligación depende de un reglamento de desarrollo que marca los plazos, con un calendario más corto para las empresas de mayor facturación y otro más largo para el resto. Mientras ese calendario no esté cerrado y en vigor, emitir en PDF sigue siendo válido, pero conviene prepararse.
Para un autónomo que trabaja con clientes grandes, el cambio suele notarse antes que la obligación: son esos clientes los que empiezan a pedir formatos concretos o la subida de la factura a su propia plataforma. Un programa de facturación que exporta a formatos estructurados resuelve ese problema sin tener que mantener varias plantillas. Bien gestionada, la factura electrónica tiene ventajas claras:
- Ahorro de costes: ni un céntimo en papel, tinta o franqueo, y menos tiempo de impresión, escaneo y archivo.
- Reducción de errores: los programas validan los datos antes de emitir y calculan los impuestos solos, minimizando fallos humanos.
- Mayor agilidad: la factura llega al instante y el cliente la procesa más rápido, lo que suele acelerar el cobro.
- Seguridad jurídica: la firma electrónica y los sistemas de validación dan una garantía de autenticidad e integridad que un PDF sin más no ofrece.
- Mejor gestión y archivo: olvídate de montañas de papel. Todo está digitalizado, organizado y accesible con unos pocos clics.
- Sostenibilidad: menos consumo de papel y de envíos postales.
Mi opinión es que cuanto antes te adaptes a este formato de factura, más tranquilo afrontarás la obligación cuando llegue. No hace falta esperar a que sea obligatorio para todos: puedes dar el paso ahora con herramientas y plantillas que te ayudan a hacerlo sin complicaciones. Tienes el estado de la norma explicado en detalle en nuestra guía sobre la factura electrónica obligatoria.
¿Qué necesitas antes de la factura? La proforma y el recibo, tus aliados
No todo es factura ordinaria o electrónica: existen otros documentos que, aunque no tienen la misma validez fiscal, son muy útiles en el ciclo de ventas. Hablamos de la factura proforma y del recibo. La proforma es, como su nombre indica, un documento «pro forma»: un borrador de factura sin validez fiscal ni contable. Piensa en ella como un presupuesto detallado con formato de factura. La usas para mostrarle al cliente cómo será la factura final antes de que la operación se realice. Es perfecta para proyectos grandes, para exportaciones en las que el cliente la necesita para trámites de aduana o licencias, para solicitar financiación o, simplemente, cuando quieres que el cliente sepa con exactitud lo que va a pagar antes de comprometerse. Un estudio de diseño que presupuesta una web, por ejemplo, puede enviar una factura proforma con cada partida, los impuestos que se aplicarán y el total: el cliente sabe qué incluye el encargo y no hay sorpresas cuando llegue la factura definitiva.
Por otro lado está el recibo, el gran olvidado. Un recibo es un documento que acredita que has recibido un pago, ya sea por una venta, un alquiler o un servicio. A diferencia de la factura, el recibo no tiene por qué desglosar impuestos, y su función principal es servir de prueba del pago. Si vendes un objeto de segunda mano a un particular sin actividad económica, no emites factura, pero un recibo documenta la transacción. Y si eres autónomo y cobras en efectivo un adelanto, emitir un recibo os protege a ti y al cliente. Ojo: si la operación forma parte de tu actividad, el recibo no sustituye a la factura, que sigue siendo obligatoria. Mi consejo es: siempre que recibas dinero, deja constancia documental; te ahorrará discusiones futuras y te dará una prueba de que ese dinero ha cambiado de manos.
¿Cómo conseguir tu formato de factura ideal? ¡No te compliques la vida!
Llegados a este punto, puede que te estés preguntando cómo consigues tú el formato de factura adecuado para tu negocio. La respuesta es más sencilla de lo que parece: parte de una plantilla. No tienes por qué ser un experto en diseño gráfico ni en fiscalidad para tener facturas impecables. Hacerlas desde cero, a mano o con un editor de texto básico, es la forma más rápida de olvidar un campo obligatorio o de romper la numeración.
El error típico de quien empieza es la «factura casera»: un documento de Word con cuatro líneas, la numeración llevada de memoria y los cálculos hechos con la calculadora del móvil. Funciona hasta el día en que dos facturas salen con el mismo número o una retención se calcula sobre el total con IVA. Las plantillas son un salvavidas porque te ofrecen un punto de partida ya estructurado, con los campos necesarios predefinidos. Solo tienes que rellenar tus datos y los del cliente, la descripción del servicio o producto, y la plantilla se encarga de los cálculos y del formato. Además, una buena plantilla de factura formato español ya recoge los datos que exige la normativa, lo que te quita un peso de encima.
No tienes que invertir en software costoso desde el principio. En PlantillaGratis encontrarás plantillas descargables para Word y Excel, adaptadas a distintos sectores y necesidades. Es una manera económica de empezar a facturar con orden desde el primer día. Eso sí, ten en cuenta el calendario del Real Decreto 1007/2023 que verás más abajo: cuando la obligación te alcance, si facturas de forma habitual, el documento definitivo tendrá que salir de un programa adaptado, y la plantilla pasará a ser tu herramienta de diseño, de presupuestos y de proformas.
Formato legal y formato de archivo: dos decisiones que no son la misma
Cuando alguien busca "formato de factura" suele estar buscando dos cosas a la vez sin saberlo. Por un lado quiere saber qué tipo de documento fiscal le toca emitir. Por otro, en qué archivo lo manda. Separar las dos preguntas resuelve la mayoría de las dudas, así que vamos por partes.
La primera decisión no la tomas tú. La toma el Reglamento por el que se regulan las obligaciones de facturación, aprobado por el Real Decreto 1619/2012, que define qué documento corresponde a cada operación: factura completa (la que el reglamento llama simplemente factura), factura simplificada, factura rectificativa, factura recapitulativa y algunos casos particulares como la factura expedida por el destinatario. Si vendes un servicio de 3.000 euros a otra empresa, no hay debate posible: factura completa con NIF del cliente. Si tienes una cafetería y cobras dos cafés, cabe la simplificada. Aquí el margen de maniobra es estrecho y equivocarse tiene coste: una factura sin los datos del artículo 6 puede hacerte perder la deducción del IVA soportado o, si eres tú quien la emite mal, obligarte a rectificar.
La segunda decisión sí es tuya casi siempre. El propio reglamento dice que las facturas pueden expedirse en papel o en formato electrónico, y que ambas tienen exactamente el mismo valor. Lo que exige es que se garantice la autenticidad del origen, la integridad del contenido y la legibilidad del documento durante todo el periodo de conservación. Puedes hacerlo con firma electrónica avanzada, con intercambio electrónico de datos (EDI) o con controles de gestión que creen una pista de auditoría fiable entre la factura y la entrega del bien o servicio. Esa última vía es la que usa la mayoría: presupuesto, albarán, factura y extracto bancario que casan entre sí.
La trampa del "PDF firmado" y otros mitos
Me encuentro mucho la idea de que un PDF sin firma digital "no vale". Falso. Un PDF vale perfectamente como factura si el contenido cumple el reglamento y puedes acreditar la trazabilidad de la operación. Lo que ocurre es que un PDF, por sí solo, es un documento no estructurado: la máquina del receptor no puede leerlo automáticamente, tiene que teclearlo o pasarle un OCR. Por eso las administraciones y las grandes empresas piden XML.
El segundo mito es el contrario: creer que porque emites en Word o Excel estás fuera de la ley. Tampoco. La plantilla es la herramienta con la que compones el documento; lo que la normativa mira es el contenido, la numeración correlativa y, desde el Real Decreto 1007/2023, el sistema informático con el que lo generas. Ahí sí que la hoja de cálculo casera empieza a quedarse corta, y lo veremos con calma más abajo.
Una factura no es válida por bonita ni por firmada: es válida por completa, por trazable y por emitida con un sistema que no permita borrarla sin rastro.
PDF, Word, Excel, Facturae o UBL: comparativa de formatos de archivo
Vamos al grano con los cinco formatos de archivo que te vas a encontrar en España en 2026. He puesto en la tabla lo que de verdad decide la elección: si el receptor puede procesarlo solo, si te sirve para la Administración y cuánto esfuerzo te cuesta.
| Formato | Qué es | ¿Lo lee una máquina? | ¿Vale para la Administración? | Para quién tiene sentido |
|---|---|---|---|---|
| Papel | Impresión física, con o sin copia | No | No, salvo excepciones por importe | Comercio a pie de calle, cobro en mano |
| Documento fijo, enviado por correo | Solo con OCR | No para FACe | La mayoría de autónomos y pymes en B2B y B2C | |
| Word (.docx) | Plantilla editable de texto | No | No | Volumen bajo, facturas muy descriptivas; exporta a PDF antes de enviar |
| Excel (.xlsx) | Plantilla con cálculo automático | Parcial, si mantienes la estructura | No | Quien factura muchas líneas, descuentos o retenciones y quiere el total cuadrado solo |
| Facturae (XML) | Estándar español estructurado y firmado | Sí, de forma nativa | Sí, es el formato de FACe | Proveedores del sector público y quien factura a grandes clientes |
| UBL / EN 16931 | Estándar europeo de factura electrónica | Sí, de forma nativa | Sí en contratación transfronteriza | Empresas que facturan a clientes de otros países de la Unión Europea |
La lectura de esa tabla es sencilla. Si emites menos de veinte facturas al mes y tus clientes son particulares o pymes, el PDF generado desde una plantilla decente te sirve perfectamente y no necesitas complicarte. Si trabajas con la Administración, el XML no es opcional. Y si estás entre medias, con clientes corporativos que te piden formatos raros, lo barato es contratar un programa de facturación que exporte a varios formatos en un clic en lugar de mantener tres plantillas distintas.
Word contra Excel: cuál te conviene de verdad
La pelea entre Word y Excel se resuelve mirando tus líneas de factura. Word gana cuando cada factura lleva un texto largo explicando el trabajo (consultoría, servicios jurídicos, obra por fases) y los importes son pocos. Excel gana en cuanto aparecen cantidades, precios unitarios, descuentos por línea, dos tipos de IVA distintos o una retención de IRPF: la hoja calcula sola y te quita el error de suma, que es el fallo más tonto y más frecuente. Si quieres verlo con calma, te lo cuento paso a paso en la guía para crear una factura en Excel.
En ambos casos, la regla que no me salto: envía siempre el PDF, nunca el archivo editable. Un .docx o un .xlsx que llega al cliente es un documento que cualquiera puede modificar, y nada impide que alguien «corrija» un importe antes de pasarla a su gestoría. El PDF cierra esa puerta y, además, se ve igual en cualquier dispositivo.
Papel, PDF por correo y factura electrónica estructurada
Hay una escalera de tres peldaños que conviene tener clara porque la terminología se usa mal a todas horas.
Peldaño uno, el papel. Sigue siendo legal. Un talonario de facturas con copia y una numeración correlativa cumple la norma. Sus problemas son prácticos: se pierde, se moja, hay que archivarlo cuatro años como mínimo y no lo puedes buscar. Y con el Real Decreto 1007/2023 encima, si tu talonario es literalmente de papel y no procede de ningún sistema informático, tendrás que revisar tu situación con un asesor, porque el reglamento apunta a los sistemas informáticos de facturación y hay matices según cómo lleves la contabilidad.
Peldaño dos, el PDF enviado por correo. Es lo que casi todo el mundo llama "factura electrónica", y técnicamente no lo es. Para el reglamento, una factura electrónica es la que se expide y se recibe en formato electrónico, y su envío requiere el consentimiento del destinatario. Un PDF adjunto cumple eso siempre que el cliente lo acepte, cosa que en la práctica se da por hecha en cuanto te dice "mándamela por email". Lo que no hace un PDF es integrarse en el sistema contable del receptor sin intervención humana.
Peldaño tres, la factura electrónica estructurada. Aquí el documento es un XML con campos etiquetados que el software del receptor lee, valida y contabiliza solo. En España el estándar es Facturae, que se usa desde hace años para facturar a las Administraciones Públicas a través del punto general de entrada FACe. La Ley 25/2013 impuso esa obligación a los proveedores del sector público, con la posibilidad de que cada administración excluya las facturas de importe inferior a 5.000 euros. Si alguna vez has intentado subir una factura a FACe sabes que además hace falta identificar tres códigos DIR3: oficina contable, órgano gestor y unidad tramitadora. Sin ellos la factura rebota, por muy bien hecha que esté.
Al peldaño tres se llegará de forma general en el ámbito entre empresas y autónomos por la vía de la Ley 18/2022, de creación y crecimiento empresarial, la famosa "Crea y Crece", que extiende la factura electrónica obligatoria a todas las operaciones B2B. Los plazos arrancan cuando se publique su reglamento de desarrollo, con un periodo más corto para las empresas de mayor facturación y otro más largo para el resto. Antes de reorganizar tu facturación por esto, comprueba el estado del reglamento con tu asesor fiscal: es la parte del calendario que más veces ha cambiado.
Un PDF por email no es una factura electrónica estructurada. Es una factura electrónica válida, que es otra cosa, y llegará el día en que a tus clientes empresa no les baste.
Qué datos exige la norma, elijas el formato que elijas
Da igual que uses papel, PDF o XML: el contenido mínimo lo fija el artículo 6 del Real Decreto 1619/2012 para la factura completa y el artículo 7 para la simplificada. Esta es la lista comparada, útil para tener a mano la primera vez que configures tu plantilla.
| Dato | Factura completa | Factura simplificada | Detalle práctico |
|---|---|---|---|
| Número y, si la usas, serie | Obligatorio | Obligatorio | Correlativo dentro de cada serie, sin huecos |
| Fecha de expedición | Obligatorio | Obligatorio | Y la fecha de operación si es distinta |
| Nombre y NIF del emisor | Obligatorio | Obligatorio | Nombre fiscal completo, no el nombre comercial a secas |
| Domicilio del emisor | Obligatorio | Obligatorio | El fiscal, aunque trabajes en otro sitio |
| Nombre, NIF y domicilio del cliente | Obligatorio | No, salvo que lo pida para deducir | En operaciones intracomunitarias, con el NIF-IVA y el prefijo del país |
| Descripción de la operación | Obligatorio | Obligatorio | "Servicios profesionales" a secas es la descripción que más problemas da |
| Base imponible | Obligatorio | Puede ir integrada en el total | Desglosada por tipo si hay varios |
| Tipo de IVA y cuota | Obligatorio, separados | Basta el tipo o la mención "IVA incluido" | 21%, 10% o 4% según la operación |
| Retención de IRPF | Cuando proceda | No aplica en la práctica | 15% general y 7% para nuevos profesionales en el año de alta y los dos siguientes |
| Recargo de equivalencia | Si el cliente está en el régimen | Rara vez | 5,2%, 1,4% o 0,5% según el tipo de IVA |
| Menciones especiales | Cuando proceda | Cuando proceda | "Inversión del sujeto pasivo", "operación exenta artículo 20 LIVA", "régimen especial del criterio de caja" |
| Total a pagar | Obligatorio | Obligatorio | Con la divisa clara si facturas fuera de la zona euro |
Dos apuntes que te van a evitar disgustos. El primero: la mención "operación exenta" o "inversión del sujeto pasivo" no es decorativa, y su ausencia es de los motivos más habituales por los que una gestoría devuelve una factura. El segundo: el plazo de expedición. Cuando el destinatario es empresario o profesional, la factura debe expedirse antes del día 16 del mes siguiente a aquel en que se realizó la operación; cuando no lo es, en el momento de realizarse. Facturar en enero un trabajo de octubre no es una travesura sin consecuencias. Si quieres el detalle campo por campo, lo tienes desarrollado en datos obligatorios de una factura.
Veri*factu: el formato ya no basta, ahora importa con qué lo generas
Este es el cambio grande de los últimos años y el que más confusión genera cuando alguien busca qué formato de factura usar. La Ley 11/2021, de medidas de prevención y lucha contra el fraude fiscal, prohibió el llamado software de doble uso, ese que permitía llevar una caja "para Hacienda" y otra real. Su desarrollo reglamentario es el Real Decreto 1007/2023, que fija los requisitos que deben cumplir los sistemas informáticos de facturación y que todo el mundo conoce por el nombre de una de sus dos modalidades: Veri*factu.
Las dos modalidades son estas. En modo Veri*factu, tu programa envía automáticamente cada registro de facturación a la Agencia Tributaria en el momento de emitir; a cambio, te libera de buena parte de los requisitos de conservación y firma. En modo no verificable, el programa no remite nada, pero además de encadenar los registros con una huella digital, como en la otra modalidad, tiene que firmar electrónicamente cada registro, mantener un registro de eventos y conservarlo todo a disposición de la Administración. Para un autónomo o una pyme, la primera opción suele ser la más sencilla desde el punto de vista técnico.
En las dos, las facturas llevan un código QR que permite al cliente comprobar o remitir la factura a la Agencia Tributaria, y en el modo Veri*factu se añade además la leyenda que identifica la factura como verificable. Si recibes facturas con un QR en la esquina, ya sabes de dónde sale: hay emisores que adoptan el sistema antes de que les resulte obligatorio.
Fechas y a quién afecta
El calendario ha sufrido varios aplazamientos, así que te lo damos con la cautela que merece. El último lo introdujo el Real Decreto-ley 15/2025, que trasladó la obligatoriedad a 2027: primero para los contribuyentes del Impuesto sobre Sociedades y, unos meses después, para el resto de obligados, autónomos incluidos. Los fabricantes de software tuvieron su propio plazo, anterior, para ofrecer productos adaptados, así que hoy ya puedes encontrar programas preparados y usarlos de forma voluntaria. Quedan fuera quienes ya están en el Suministro Inmediato de Información (SII) y quienes tributan en territorio foral con sus propios sistemas, como TicketBAI en el País Vasco. Confirma tu caso y la fecha que te aplica con un asesor fiscal antes de comprar nada: la casuística por régimen y territorio es amplia, el calendario ya ha cambiado más de una vez y aquí no hay respuestas universales.
Las sanciones asociadas a este bloque no son simbólicas. El artículo 201 bis de la Ley General Tributaria contempla 150.000 euros por ejercicio y tipo de sistema para quien fabrique o comercialice programas que no cumplan, y 50.000 euros por ejercicio para quien los tenga o los use. Con esas cifras encima de la mesa, la hoja de Excel casera deja de ser una opción para quien factura de forma habitual, por muy bien montada que esté.
Las dos modalidades, lado a lado
Si vas a comparar programas, esta tabla resume en qué se diferencian las dos modalidades que admite el reglamento. No es una recomendación de producto: es lo que tienes que preguntar al proveedor antes de contratar.
| Aspecto | Modalidad Veri*factu | Modalidad no verificable |
|---|---|---|
| Envío a la Agencia Tributaria | Cada registro de facturación se remite de forma automática | No se envía nada; los registros quedan a disposición de la Administración |
| Encadenamiento de registros | Sí, con huella | Sí, con huella |
| Firma electrónica de cada registro | No es necesaria | Obligatoria |
| Registro de eventos | No es necesario | Obligatorio |
| Código QR en la factura | Sí, con la leyenda de factura verificable | Sí, sin esa leyenda |
| Perfil al que suele encajar | Autónomos y pymes que prefieren menos requisitos técnicos | Empresas con sistemas propios que no quieren remitir en tiempo real |
Entonces, ¿ya no puedo usar plantillas?
Sí puedes, y aquí conviene afinar. Las plantillas siguen siendo perfectas para presupuestos, proformas, albaranes, recibos y cualquier documento sin efectos fiscales de registro, y para quien emite facturas de forma muy ocasional y no está obligado a llevar un sistema informático de facturación. Lo que cambia es que, cuando la obligación entre en vigor para ti, si facturas de manera habitual y estás dentro del ámbito del reglamento, el documento final tendrá que salir de un programa adaptado. Mi recomendación práctica: usa las plantillas para diseñar tu formato, cerrar tu estructura de datos y aprender qué campos necesitas, y luego traslada ese diseño a un programa que emita con QR. Los precios varían mucho entre proveedores y planes, desde versiones gratuitas con funciones limitadas hasta suscripciones mensuales por usuario: compara lo que incluye cada plan, pide una prueba y no firmes nada anual sin haberlo usado.
Mapa de tipos de factura: adónde ir desde aquí
Esta página es el paraguas. Cada tipo tiene sus propias reglas y su propia guía, así que te dejo el mapa en una línea por documento para que vayas directo a lo que necesitas sin repetir aquí lo que allí está mejor explicado.
- Factura completa u ordinaria: la norma general para operaciones entre empresas y profesionales, con todos los datos del artículo 6.
- Factura simplificada: el antiguo tique, para importes pequeños y actividades tasadas; tienes el modelo y un ejemplo en factura simplificada: modelo y ejemplo.
- Factura rectificativa: la vía correcta para corregir un error o anular una operación, explicada paso a paso en cómo hacer una factura rectificativa.
- Factura proforma: documento informativo sin valor fiscal, ideal para cerrar un acuerdo o para aduanas; lo desmenuzo en qué es una factura proforma.
- Albarán y recibo: ninguno de los dos sustituye a la factura, y sus diferencias están en diferencias entre factura, albarán y recibo.
- Factura recapitulativa: agrupa varias operaciones con un mismo cliente dentro del mismo mes natural en un único documento.
- Factura con retención: la que emiten los profesionales a empresas, con el descuento del IRPF que ingresa el pagador.
- Factura intracomunitaria: sin IVA cuando ambas partes están en el registro de operadores intracomunitarios, con la mención de inversión del sujeto pasivo.
Si estás empezando y quieres el recorrido completo de obligaciones, plazos y modelos, la guía de facturación para autónomos te ordena todo el calendario del año.
Los tipos menos conocidos: autofactura, duplicado, idioma y moneda
Además de los tipos de factura que usa todo el mundo, el Real Decreto 1619/2012 regula varias situaciones que conviene conocer porque cambian el formato del documento. No son exóticas: aparecen en cuanto trabajas con clientes grandes o con el extranjero.
Factura expedida por el destinatario o por un tercero
El reglamento permite que sea tu cliente, o una empresa externa, quien emita la factura en tu nombre. Es lo que se conoce como autofacturación y es frecuente en sectores como el agrícola, el de transporte o el de derechos de autor, donde el cliente conoce mejor que el proveedor las cantidades liquidadas. Para que valga hace falta un acuerdo previo por escrito entre las dos partes, que el proveedor pueda aceptar o rechazar cada factura y que estas vayan en una serie distinta. La obligación de facturar sigue siendo tuya: si la factura sale mal, respondes tú.
Duplicados
Si el original se pierde o varias personas intervienen en una misma operación, puedes expedir un duplicado. Tiene que ser idéntico al original y llevar la mención «duplicado». No es una factura nueva: no consume número ni sustituye a la rectificativa cuando lo que hay es un error.
Idioma y moneda
Puedes facturar en cualquier idioma, aunque la Agencia Tributaria puede pedirte una traducción al castellano o a otra lengua oficial cuando la necesite para comprobar la operación. También puedes expresar los importes en cualquier moneda, con una condición: la cuota de IVA tiene que figurar también en euros, con el tipo de cambio aplicado. Si facturas en dólares a un cliente estadounidense una operación que tributa en España, tu plantilla necesita esa línea en euros.
Plazo para rectificar
La rectificativa se emite en cuanto detectas el error o se produce la circunstancia que modifica la base, siempre que no hayan pasado cuatro años desde el devengo del impuesto. Pasado ese plazo ya no cabe rectificar por la vía ordinaria, así que no dejes para el cierre del ejercicio lo que puedes corregir hoy.
De la plantilla al programa: cómo cambiar sin romper la numeración
Tarde o temprano, casi todo el que empieza con plantillas acaba pasando a un programa de facturación, ya sea por volumen, por los clientes o por el calendario del Real Decreto 1007/2023. El cambio es sencillo si lo planificas; se complica cuando se hace a mitad de mes y con prisas. Estos son los pasos que recomendamos:
- Elige el momento. Lo más limpio es empezar el programa el primer día de un trimestre o de un año natural, porque coincide con tus declaraciones de IVA y te deja los libros registro partidos de forma ordenada.
- Cierra la serie antigua. Anota el último número emitido con la plantilla y guarda en una carpeta todas las facturas de esa serie en PDF, junto con el archivo editable original.
- Decide si continúas la numeración o abres serie nueva. Las dos opciones son válidas. Si continúas, el primer número del programa debe ser el siguiente al último de la plantilla. Si abres serie nueva, usa un prefijo distinto y documenta el cambio.
- Traslada tu diseño. Configura en el programa tu logotipo, tus datos fiscales, las formas de pago y las menciones que uses con frecuencia (exenciones, inversión del sujeto pasivo, criterio de caja). La plantilla te sirve de guía para no olvidar ningún campo.
- Da de alta a tus clientes habituales. Con NIF, domicilio fiscal y, si trabajas con administraciones, los códigos DIR3. Es el paso que más errores evita después.
- Revisa las primeras facturas con tu gestor. Envíale las dos o tres primeras antes de mandarlas a los clientes y comprueba que tipo de IVA, retención y menciones son los correctos.
- Conserva las dos series. Las facturas emitidas con la plantilla siguen sujetas a los mismos plazos de conservación que las del programa.
Una advertencia: no borres ni modifiques las facturas antiguas para «igualarlas» al nuevo formato. Un documento emitido es un documento emitido; si detectas un error en él, se corrige con una rectificativa desde el sistema nuevo.
Qué formato elegir según tu perfil
La teoría está bien, pero tú quieres saber qué hacer el lunes por la mañana. Aquí van cinco perfiles habituales con una recomendación concreta para cada uno.
Autónomo recién dado de alta con pocos clientes
Factura completa siempre, aunque el importe sea de 60 euros. El coste de emitir una completa es el mismo y te ahorra explicaciones cuando el cliente quiera deducirse el gasto. Formato: PDF con una serie única del tipo 2026-001. Empieza con una plantilla para fijar tu diseño y pasa a un programa adaptado en cuanto tu actividad sea habitual. Si aplicas la retención del 7% por ser nuevo profesional, márcala en línea aparte para que se lea sin dudas.
Comercio o local con público
Simplificada para el día a día, con la posibilidad de emitir completa a quien la pida en el momento o poco después. Tu formato natural es el tique de un sistema de punto de venta ya adaptado al Real Decreto 1007/2023, con QR incluido. Lo que sí necesitas es una serie separada para las completas, para no romper la correlatividad del tique. Y guarda el arqueo diario: es la pista de auditoría que te va a salvar en una comprobación.
Agencia o consultora que factura a empresas
Factura completa, PDF con desglose por líneas, y ten preparada la exportación a Facturae por si un cliente grande te la exige. En este perfil el detalle importa: si trabajas por horas o por fases, describe el periodo y el entregable en la línea de concepto. Se cobra antes una factura que el departamento de compras entiende sin llamarte. Añade el número de pedido o de expediente del cliente cuando te lo den: es el campo que más retrasos evita.
Proveedor de la Administración Pública
Aquí no eliges: Facturae en XML, firmado, presentado por FACe o por el punto de entrada de la comunidad autónoma o el ayuntamiento correspondiente. Necesitas los tres códigos DIR3 antes de emitir, así que pídelos por escrito cuando te adjudiquen el contrato. Algunas administraciones aceptan papel o PDF por debajo de 5.000 euros al amparo de la Ley 25/2013, pero comprueba caso por caso: cada administración decide si aplica esa excepción.
Quien vende fuera de España
Si tu cliente es una empresa de otro país de la Unión Europea y ambos estáis en el registro de operadores intracomunitarios, la factura va sin IVA y con la mención de inversión del sujeto pasivo, más los dos NIF-IVA con su prefijo. Para exportación fuera de la Unión, la operación es exenta y la proforma cobra protagonismo en el trámite aduanero. El formato de archivo dependerá del cliente: en Europa te pueden pedir un XML conforme a la norma EN 16931.
El mejor formato de factura es el que tu cliente puede procesar sin llamarte por teléfono. Todo lo demás es estética.
Numeración, series y conservación: la parte aburrida que te salva
El formato bonito no vale de nada si la numeración es un desastre. La regla es que los números sean correlativos dentro de cada serie y que no haya saltos. Puedes tener varias series a la vez, y de hecho el reglamento obliga a separarlas en algunos casos, como las facturas rectificativas o las expedidas por el destinatario. Por ejemplo:
- Serie general: 2026-001, 2026-002... Reinicia cada año natural para que el archivo sea legible.
- Serie de rectificativas: R-2026-001. Nunca las mezcles con las ordinarias.
- Serie de simplificadas: S-2026-001, si emites tiques y facturas completas a la vez.
- Series por delegación o por actividad: útiles si tienes dos negocios distintos bajo el mismo NIF.
Sobre la conservación, la referencia mínima es el plazo de prescripción tributaria, cuatro años desde el fin del plazo de presentación de la declaración correspondiente. El Código de Comercio sube el listón a seis años para los libros y la documentación del negocio, y las facturas de bienes de inversión conviene guardarlas más tiempo todavía, porque en los inmuebles el periodo de regularización del IVA abarca el año de entrada en funcionamiento y los nueve siguientes. Con esa horquilla en la cabeza, mi consejo es guardarlo todo diez años en digital, que ocupa lo que ocupa un pendrive, y dormir tranquilo.
Conservar en digital una factura recibida en papel está permitido mediante digitalización certificada con software homologado por la Agencia Tributaria. Si escaneas con el móvil sin ese software, técnicamente sigues obligado a guardar el original en papel. Es un matiz que casi nadie conoce y que en una comprobación se nota.
Ocho errores de formato más frecuentes
- Numeración con huecos. Anular una factura borrándola del ordenador deja un salto que canta. Se corrige con una rectificativa, nunca con la tecla suprimir.
- Concepto vago. "Trabajos varios" o "servicios profesionales" sin más es una invitación a que le nieguen la deducción a tu cliente.
- IVA sin desglosar. En la factura completa hay que ver base, tipo y cuota por separado, y por cada tipo si hay varios.
- Retención mal calculada. El IRPF se aplica sobre la base imponible, no sobre el total con IVA. Es de los fallos más repetidos en las plantillas caseras.
- Falta la mención especial. Exenciones, inversión del sujeto pasivo o criterio de caja tienen que constar por escrito en el documento.
- Enviar el archivo editable. Manda PDF, guarda tú el original en Word o Excel.
- Fecha de operación ausente. Cuando el trabajo se hizo en un mes y facturas en otro, ambas fechas deben aparecer.
- Datos fiscales incompletos del cliente. Sin NIF correcto ni domicilio, la factura no cumple y te la devolverán.
Ninguno de estos ocho tiene que ver con el diseño. Todos tienen que ver con el contenido, y ahí es donde una plantilla bien hecha se gana el sueldo: te obliga a rellenar los campos que importan.
Checklist de diez puntos antes de darle a enviar
- ¿El número sigue al de la factura anterior de esa misma serie?
- ¿Están la fecha de expedición y, si difiere, la de operación?
- ¿Aparecen nombre fiscal, NIF y domicilio completos de las dos partes?
- ¿La descripción explica qué has vendido a alguien que no estuvo en la reunión?
- ¿La base imponible, el tipo de IVA y la cuota están separados?
- ¿La retención de IRPF, si procede, se calcula sobre la base y no sobre el total?
- ¿Falta alguna mención obligatoria por exención o régimen especial?
- ¿El total coincide con lo que le dijiste al cliente en el presupuesto?
- ¿Has indicado forma de pago, plazo e IBAN para que te paguen sin preguntar?
- ¿Lo envías en PDF y te guardas copia en tu carpeta del ejercicio?
Diez preguntas, treinta segundos. Es la revisión más rentable de tu semana.
Preguntas frecuentes
¿Es obligatorio incluir el NIF del cliente en todas las facturas?
Sí, en la mayoría de las facturas ordinarias es un requisito. Solo en facturas simplificadas, para operaciones de bajo importe o venta al por menor, puede no ser necesario.
¿Puedo usar mi propio diseño para el formato de factura?
Claro, siempre que incluya todos los datos obligatorios exigidos por la normativa española. El diseño estético es libre, pero el contenido fiscal debe ser riguroso.
¿Qué pasa si me equivoco al numerar una factura?
La numeración debe ser correlativa, sin saltos. Si te equivocas, no puedes eliminar la factura; tendrás que emitir una factura rectificativa para corregir la situación y mantener la secuencia.
¿Las plantillas de factura son válidas legalmente?
Por supuesto, siempre que las rellenes con todos los datos fiscales necesarios y cumplan con la normativa vigente. Son una herramienta para facilitar la creación de documentos legales. Con el Real Decreto 1007/2023 en juego, si facturas de forma habitual conviene que el documento definitivo salga de un programa adaptado, y reservar la plantilla para presupuestos, proformas y para diseñar tu modelo.
¿Cuál es el mejor formato de archivo para enviar una factura?
El PDF, para casi todo el mundo. Se ve igual en cualquier dispositivo, no se puede modificar por accidente y todos los clientes saben abrirlo. Las excepciones son las Administraciones Públicas, que exigen XML Facturae por FACe, y las grandes empresas con integración contable, que cada vez piden más un XML estructurado.
¿Es lo mismo una factura en PDF que una factura electrónica?
No exactamente. Un PDF enviado por correo es una factura en formato electrónico válida si el destinatario lo consiente, pero no es una factura electrónica estructurada. Esta última es un XML que el sistema del receptor lee y contabiliza solo, sin que nadie teclee nada.
¿Puedo seguir facturando en papel en 2026?
El Real Decreto 1619/2012 sigue admitiendo el papel y le da el mismo valor que al formato electrónico. Lo que cambia el panorama es la obligación de usar sistemas informáticos de facturación conformes al Real Decreto 1007/2023 y, más adelante, la factura electrónica entre empresas de la Ley 18/2022. Revisa tu caso con un asesor antes de comprar otro talonario.
¿Qué es el código QR que aparece ahora en las facturas?
Es el distintivo de los sistemas de facturación conformes al Real Decreto 1007/2023. Permite al destinatario consultar o remitir la factura a la Agencia Tributaria. Cuando el emisor trabaja en modalidad Veri*factu, junto al QR aparece además la leyenda que identifica la factura como verificable en la sede electrónica.
¿Word o Excel para hacer mis facturas?
Excel si tu factura tiene varias líneas, descuentos, dos tipos de IVA o retención, porque calcula sola y elimina el error de suma. Word si cada factura lleva un texto largo describiendo el trabajo y pocos importes. En los dos casos, exporta a PDF antes de enviarla.
¿Cuánto tiempo tengo que guardar las facturas?
El mínimo fiscal son cuatro años, que es el plazo de prescripción. El Código de Comercio pide seis años para los libros y la documentación del negocio, y las facturas de bienes de inversión conviene guardarlas más porque en los inmuebles su periodo de regularización del IVA abarca diez años. En digital, guardar diez años no cuesta nada.
¿Qué formato necesito para facturar a un ayuntamiento?
Facturae en XML, firmado electrónicamente y presentado por FACe o por el punto general de entrada que designe esa administración, con los códigos DIR3 de oficina contable, órgano gestor y unidad tramitadora. La Ley 25/2013 permite excluir de la obligación las facturas por debajo de 5.000 euros, aunque cada administración decide si aplica esa excepción.
¿Puedo emitir una factura sin IVA?
Solo en los supuestos que prevé la ley: operaciones exentas del artículo 20 de la Ley del IVA (formación reglada, sanidad, ciertos seguros), entregas intracomunitarias con inversión del sujeto pasivo, exportaciones o algunos casos de subcontratación en ejecuciones de obra. En todos ellos hay que hacer constar la mención correspondiente en la factura. Consulta tu caso concreto con un asesor fiscal, porque las exenciones se interpretan de forma restrictiva.
¿Cuándo tengo que emitir la factura como muy tarde?
Si el destinatario es empresario o profesional, antes del día 16 del mes siguiente a aquel en que se realizó la operación. Si no lo es, en el momento de realizarse la operación. Las recapitulativas, que agrupan varias entregas del mismo mes natural, tienen su propia regla dentro de ese esquema.
¿La proforma sirve para cobrar?
Sirve para que el cliente sepa qué va a pagar y para trámites como aduanas o solicitudes de financiación, pero no genera derecho de cobro ni obligación de ingresar el IVA, porque no tiene valor fiscal. Cuando la operación se cierra, hay que emitir la factura de verdad. Tienes el detalle en la guía sobre la factura proforma enlazada más arriba.
¿Puedo cambiar de formato a mitad de año?
Sí, siempre que no rompas la correlatividad de la numeración. Lo limpio es continuar la serie en el nuevo sistema desde el último número emitido, o abrir una serie nueva y documentar el cambio. Lo que no puedes hacer es reiniciar la numeración en enero de mentira o duplicar números entre el sistema viejo y el nuevo.
Aviso: este artículo resume la normativa de facturación española vigente a fecha de publicación con fines informativos. Los plazos del Real Decreto 1007/2023 y del reglamento de la Ley 18/2022 han cambiado varias veces, y la aplicación concreta depende de tu régimen, tu actividad y tu territorio. Antes de tomar una decisión sobre tu sistema de facturación, contrástalo con tu asesor fiscal o con la Agencia Tributaria.
Tu turno
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